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Viernes , 17.08.2018 / 14:53 Hoy

Del plato a la boca

El largo camino del bocado

Benjamín Ramírez

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La historia de los alimentos trae consigo una cantidad innumerable de relatos y leyendas; como por ejemplo los diversos acontecimientos que se suscitaron para que, justo en estas fechas podamos pensar en comer chiles en nogada. Las conservas, enlatados, bebidas, postres, etcétera, todos estos ejemplos guardan consigo pasajes en la vida del ser humano. Por lo general, el ser humano echó mano de los medios que encontrase a su alrededor, si se asentó en zonas boscosas comenzó comiendo frutos, semillas, raíces y hojas, conforme desarrollo herramientas pasó al uso de lanzas o rocas para cazar, finalmente, aplicando calor, cocino sus alimentos y realizó combinaciones.

Más adelante, al tener contacto con otros grupos, tuvo la oportunidad de entramar intercambios de productos y ampliar su abanico alimentario. En otros casos, hubo quienes siguieron explorando, buscando tierras mejores, más fértiles o simplemente expandiendo sus horizontes. Trataremos el caso del Mar Mediterráneo, mar que reúne tres continentes, África septentrional, Asia occidental y Europa meridional, y, por ende, se convierte en un punto focal de intercambios culturales, sociales y alimentarios.

Un ejemplo claro fueron los fenicios, grupo asentado en Asía occidental, y que desarrollaría con gran maestría la navegación y el comercio. Teniendo una alimentación basada en trigo, vino, frutos, leguminosas, otros cereales, carne de bovinos y caprinos, etcétera, realizaría la acción de repartir dichas costumbres a todos los puntos donde hiciera comercio. De igual manera, en su expansión por el litoral de Asía y norte de África, complementaria dichas tradiciones con otros elementos encontrados a su paso.

En este viaje se fundó Cartago, actualmente Túnez. Esta ciudad tomaría gran importancia por sus relaciones comerciales, además de expandir sus costumbres, entre ellas de alimentación. Más tarde enfrentarían al Imperio Romano, en las guerras púnicas, donde saldrían vencidos, no sin antes haber conquistado parte de lo que es hoy España del sur.

Los fenicios y cartagineses trajeron consigo dos alimentos elementales, y de mucha fama en nuestros días, el pan, el vino; ambos, a su vez, adquiridos de los egipcios. Conforme distribuyeron estas y otras tantas preparaciones, cada región a donde llegaba fue dándole un estilo diferente, añadiendo otros elementos a las preparaciones, y, por motivos de calidad de la tierra, temperatura, altitud, etcétera, cambiando el sabor y algunas características en su sabor y consumo. De esta forma, podemos suponer, fue el inicio no sólo de la gastronomía, sino de las variantes en la alimentación, cada grupo le hemos dado significados diferentes, modos y formas específicas, y, finalmente aprecio o rechazo.

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