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Viernes , 19.10.2018 / 19:11 Hoy

Del plato a la boca

De sociedad y alcurnia

Benjamín Ramírez

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En la restaurantería mexicana siempre ha estado influenciada por un toque afrancesado, teniendo como su punto cúspide el Porfiriato, época en la que la capital del país vio con gran asombro como sus paisajes se llenaban de ese aire parisino, desde las fachadas de los palacios hasta los platos sobre la mesa. México siempre había buscado el refinamiento, el progreso y, teniendo como ejemplo a la ciudad luz, la vida aristocrática, solo era necesario seguir el ejemplo.

Podemos sugerir que ese ejemplo llegó con Sylvain Daumont, cocinero francés que arribó al país para servir a una familia adinerada, pero que con el paso del tiempo decidiría formar su propio restaurante; cabe destacar que fue parte del equipo de cocineros encargados de los banquetes de Centenario de la Independencia, y el, junto con Porras y Recamier, serían considerados como los encargados de llevar la influencia de la cocina francesa al territorio mexicano por medio de los restaurantes.

Para ese entonces lugares como Los Tívolis, La Concordia y La Masion Dorée, eran las opciones en las que la gente de alcurnia acudía a degustar los platillos franceses, pero poco a poco comenzaron a aparecer otras opciones; casos como el Café Restaurante Chapultepec, comandado por el chef Mascine, en el que se ofrecía comida, café, pasteles y servicio de banquetes; y otros como la Casa Prendes y el Café Colón, dieron cuenta de este suceso. Para 1906 El Sylvain ya contaba con una gran reputación entre banqueros, comerciantes y cuerpo diplomático; la revista Artes y Letras lo elogiaba con frases como "en otros restaurantes se come, en El Sylvain se goza." En los años siguientes otros establecimientos llegaban, ideas innovadoras, menús aún más refinados, es más, hasta de algunos se presumían tanta exclusividad, al grado de decir que en estos lugares se evitaba la mezcla que se daba en otros sitios.

En 1909 se abrió un sucursal de la pastelería, probablemente con mayor tradición en el centro del país, El Globo, y esta misma sería considerada como la cúspide del verdadero lujo; comparándola con los más aristócratas cafés parisinos, pensados para la señora elegante que apreciaba el buen gusto y la buena servidumbre. Se cuenta que a la inauguración asistieron personalidades como Carmen Romero Rubio de Díaz (segunda esposa de Porfirio Díaz), Dolores Barrón de Rincón Gallardo (esposa del general Pedro Rincón Gallardo), Sofía Osio de Landa (hija de Guillermo de Landa y Escandón), entre otras; considerando el salón como muestras del adelanto de nuestra cultura.

Una patria en proceso, que buscaba los hilos de donde formar ataduras y encaminarla, pero que finalmente desdeñaba sus propias raíces y adoptaba como propias las extranjeras, una tradición que se heredaría hasta la actualidad pero que la necesidad de una propia nos sigue atrayendo en busca de nuestro plato nativo.

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