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Sábado , 15.12.2018 / 06:06 Hoy

Del plato a la boca

Antojismo evolutivo

Benjamín Ramírez

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Día a día, Jesús toma su vehículo de trabajo y sale a recorrer las calles de su ciudad, el horario matutino suele ser el mejor, ya que su producto es considerado una bomba de energía, o como dirían los nutriólogos, de carbohidratos; por la tarde María llega al pie de un árbol que le a dado cobijo por doce años, de la cajuela de un taxi ella baja un anafre, tres bolsas de mandado y un comal de sesenta centímetros que al cabo de unos minutos soporta las brasas que anteriormente fueron trozos de carbón; y finalmente, José, quien en cuanto ve el ocaso de otro día, coloca los foquitos, uno a uno, de afuera de su local, calienta el aceite y acomoda a su modo los insumos para una nueva jornada laboral.

El abanico de alimentos callejeros, considerados como “Antojitos mexicanos” también puede ser considerado como el Fast Food mexicano, sin embargo, entre sus ingredientes y preparaciones resguarda desde los secretos culinarios más ancestrales hasta los vestigios de la aculturación que duró trescientos años. Hoy en día mucho se habla y se discute mucho en torno a la ortodoxia en la cocina mexicana, especialmente de los mencionados antojitos, en algún momento tratamos en este espacio el tema de la quesadilla, y ahora debemos traer a colación a la torta, o la costumbre de rellenar una telera o bolillo con cualquier otro alimento, ya sea dulce o salado, frío o caliente, etcétera.

Hace un par de meses apareció entre los laboratorios culinarios, también conocidos como taquerías, torterías, fondas, entro muchos otros, la torta de tacos de suadero, que no es otra cosa que tacos de suadero colocados dentro de un pan. Este hecho que causo conmoción, y que se suma a una “actitud citadina”, específicamente de la CDMX, no es otra cosa que la reinvención de la comida, la reinterpretación de una necesidad o una búsqueda por ofrecer algo innovador, y que se suma a la torta de chilaquiles, de taco dorado, de gelatina, de plátano, de cajeta, entre muchas otras, pero que sin lugar a duda no es meramente innovadora. Pero, por otro lado, hace escasas semanas, nos encontramos con los tlacoyos de haba, también conocidos como gorditas, rellenos de queso Oaxaca y papas fritas, lo que en lo personal causó expectación, duda y revuelo, al final sabía bien.

Poco se ha reparado en, por ejemplo, la torta de milanesa, un clásico de todo expendio de este tipo de platillos, pero que en su historia no apareció como lo es hoy en día; a finales del siglo XIX, en pleno Porfiriato, los restaurantes de la época presentaban a sus comensales platillos clásicos de la comida europea, y una de sus grandes estrellas fue la milanesa, la cual era ofrecida en el Restaurante La Concordia, servida con papas, por un costo de 20 centavos. ¡Ay Jesús, María y José! ¿Con qué nos sorprenderán mañana?

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