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Sábado , 23.06.2018 / 05:08 Hoy

Del plato a la boca

2017-09-09

Benjamín Ramírez

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Antes de las compras por internet y las grandes corporaciones ampliando sus mercados la adquisición de productos permitían la interacción humana, todo aquello que llegara de lugares lejanos tenía una apreciación y costo elevado, si las clases altas lo consideraban "de lujo" entonces simplemente multiplicaba su valor hasta convertirse en un elemento de la élite. De esta forma los fenicios fueron pioneros en transportar de un lugar a otro tanto sus vinos o harinas que, por ejemplo, para los griegos o romanos eran dignos de reyes.

En América, Hernán Cortés se sorprende de los espacios comerciales, denotando el mercado de Tlatelolco; más tarde estos espacios conservarían su tradición sumándole aquellos enviados desde Europa. Poco a poco se fue nutriendo no solo la variedad de alimentos, bebidas, herramientas, etcétera, sino además la manera en la que eran recibidos y procesados en los fogones, las ollas y las mesas. De esta forma los mercados toman un carácter cosmopolita, de encuentros sociales, políticos y culturales, con una estructura que hasta nuestros días podemos observar.

Ya entrada la Colonia, el corazón de lo que fuera el imperio Azteca se convierte en un centro comercial, en toda la expresión de la palabra, donde arriban desde costales con maíz hasta quesos y vinos españoles. El actual zócalo capitalino albergó por muchos años al primer mercado de la región; este fue bautizado como el Parián, en honor o relación a un edificio ubicado en Medellín, Colombia, al que llegaban los navíos procedentes de Europa. En 1692 dicha construcción, elaborada en su totalidad por jacales de madera, perecería en un incendio, siendo reconstruido hasta 1703.

Las sociedades criollas abarrotaban la plaza, construyendo una tradición tanto novohispana como mexicana. Asistir al mercado para comprar los víveres fue una señal característica de la vida cotidiana. Por otra parte, el mercado se convirtió en un trampolín de alimentos, los canales fluviales interconectaban las zonas agrícolas de la ciudad, ubicadas al sur, por lo que de manera eficiente llegaban a los mercaderes frutas y verduras frescas, tomando en cuenta que para este momento las platas traídas por los colonizadores ya se encontraban perfectamente aclimatadas.

Actualmente los mercados establecidos gozan de una salud poco favorable, los supermercados han dado una batalla reñida, dejando de lado las viejas tradiciones de acudir con la "marchanta", aunque, por otra parte, la estabilidad económica del ciudadano promedio ha orillado a buscar una tercera alternativa, los tianguis de pequeños productores, de corte orgánico o al menos libre de insecticidas o fungicidas; una nueva tradición o simplemente la readaptación de un modelo antiquísimo pero funcional.

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