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El ornitorrinco

¿Quién soy?

Bárbara Hoyo

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Soy del tipo de persona que prefiere pedir permiso a pedir perdón: nunca me gustó desgastar los perdones, prefiero negociar los permisos. De feliz quiero ser grande. Nadie me va a negar que soy la primera persona del singular. Temo poner el corazón tan duro que se me pulverice. Soy de baterías y me recarga la fregada. Soy mala para las cuentas, sobre todo para rendirlas. Soy un objeto sexual sin pila. Soy 70 % quejas y sugerencias.

Estoy en la flor (de cempasúchil) de mi juventud. Tengo un fondo de ahorro de comentarios. Soy una dama de suciedad. Soy la oveja sin lana de la familia. Soy el genérico del esperma ganador. Soy una activista desactivada. Soy tan fría que todo lo conservo. Siete años de mala suerte si me rompes, soy tu espejo. Soy atea hasta que llega el orgasmo. Soy tan distraída que hasta los sentimientos encontrados los tengo perdidos.

Soy de esas personas que si las amas y las dejas ir, no se va. Soy intolerante a la mala leche. Tengo una agilidad mental tan rápida que no se alcanza a ver. Me conozco tan bien que a veces lo más sano resulta ignorarme. Siempre seré la clase de persona que prefiere un silencio incómodo a un comentario forzado. A mí ponme el vaso medio vacío y yo lo lleno. No sólo soy el amor que siento, también soy el amor que inspiro y, sobre todo, el amor que doy.

Tengo una educación sólida, una líquida y una gaseosa. Me hago menos con pan, soy una pena. Soy honesta porque lo merezco, no porque ustedes lo merezcan. Los sábados soy esa mujer que le pide a la vida que llueva, para no salir de casa. Soy una recordadora profesional de pasados pero una inexperta planeadora de futuros. Sentaré cabeza cuando se me pare el corazón. Cuando Dios me iluminó, se salió de la raya. Soy mi propia terrorista cuando me doy en la torre.

Tengo muy buenas puntadas por cada cicatriz. Me creo y me destruyo, pero pocas veces me transformo. Temo que algún día se me salga toda la verdad de un solo golpe. Nunca he sabido hacia donde ir pero siempre estoy donde quiero estar. No me pidan que sea más clara porque puedo ponerme muy turbia. No sé si el vacío es muy profundo o yo estoy cayendo muy lento.

Mi mente es una fosa escéptica. Mis papás creen que soy un genio, llevan años queriéndome sacar de la botella. En mi árbol genealógico, soy la niña en el columpio. Yo quería ser un estuche de monerías y resulté una caja de Pandora. Ese silencio que escuchas soy yo, ignorándote. Yo no me apago; me desprendo. Un día me voy a morir de un infarto fulminante super potente masivo y doloroso de tanto exagerar.

Soy una persona de bien pero no de bienes. Para ser una persona que no toma riesgos, soy muy arriesgada. Si me entrego, no me devuelvas; aprendí a regenerarme. Yo sólo soy una turista en esta vida, no me pregunten. Soy tan rencorosa que en el sexo de reconciliación aplico la ley del hielo. Estoy tan emocionalmente desequilibrada que soy capaz de perdonarlo todo. Después de los treinta, me empezaron a caer muchos veintes. En fin, acéptenme como no soy, que de aceptarme como soy me encargo yo.

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