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Sábado , 15.12.2018 / 18:21 Hoy

La contracolumna

Ganar

Barak Fever

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¿Por qué le vas a puros equipos perdedores, Barak? Aún puedo reproducir el tono con el que me lanzó semejante pregunta. La formula sin el menor afán de burla. Por el contrario, la voz le tiembla y su mirada refleja desesperación. Quiere ayudarme, pero antes debe comprenderme. Y de deportes mi abuela no entiende nada. 

Es un deprimente domingo por la noche en octubre del 91. Dos jonrones de Kirby Puckett dejan a Toronto sin Serie Mundial, igualito a lo de Ricky Henderson dos temporadas atrás. Lloro como solo puedes llorar a los 10 años: eres lo suficientemente mayor como para tener noción histórica del peso de una derrota y lo suficientemente menor para permitirte berrear como bebé ante semejante trivialidad. 

La escenita es calcada a la de un sábado a principios de año, cuando Miami pierde la final divisional por culpa de Buffalo y su maldita nieve.

Y a la de junio pasado, cuando cuatro goles del Cadáver Valdés en plena Liguilla me impulsan a destrozar mi bandera del Cruz Azul de puro y genuino ardor. Mi abuela está harta de verme sufrir. 

¿Por qué le vas a puros equipos perdedores, Barak?, me cuestiona intrigada. Podría explicarle que los Azulejos no son ningunos perdedores, que solo cuatro equipos de las Ligas Mayores logran avanzar a Playoffs. Y que los Delfines acabaron la temporada regular con tremendo récord de 12 victorias y 4 derrotas. Y que Cruz Azul fue el equipo más goleador y mejor visitante del torneo. Y que el Barcelona acaba de ganar por fin la Liga... Pero es más fácil decirle ¡Déjame en paz!

Eventualmente, Toronto ganó dos Series Mundiales. El Barcelona, ni se diga. Hasta Cruz Azul se equivocó y ganó una miserable liga. Crecí preguntándome cómo sería ver en un Súper Tazón a los Delfines de Miami. Y año a año me respondí. Descubrí que el sabor de la victoria no es tan dulce como amargo es el sabor de la derrota. Y que la sensación del éxito dura menos -muchísimo menos- que la del fracaso. 

Ser campeón de Liga no hará feliz al Cruz Azul. ¿Pero ganar el torneo de reservas? ¿Suceder en el trono al Necaxa? ¿Alzar una copa conquistada en tiempos recientes por Puebla, Morelia, Querétaro o Veracruz? Eso tiene que ser desolador.

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