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Sábado , 20.10.2018 / 01:37 Hoy

Tema y forma

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El punto de partida no significa ni determina al destino. El tema de una obra es únicamente un inicio que detona a la forma. La unión entre este inicio y su final son indisolubles, porque es el corazón, los motivos de la presencia de una obra, El qué decir se ve afectado por el cómo decirlo, la grado que se puede distorsionar o perder, es un equilibrio en el que uno no debería acabar con el otro. El arte conceptual hizo de tema y el concepto lo más importante de la obra, despreciando a la forma o dejando que la forma se viera determinada por la teoría y el academismo. La forma debe ser esencialmente autoral, en ella está la impronta del artista, porque los temas son uniones humanas que se influencian de nuestra experiencia, el amor está presente en cada ser humano, la experiencia lo hace distinto, y eso es lo que el artista plasma, ese saber desde su saber plástico. La expresión reducida a un instructivo académico y retórico se unifica y pierde el contenido autoral porque la forma es el contenido. El autor alimenta a la obra, a la creación con lo que sabe de las técnicas y de esa materia moldeable que es el talento, lo transforma con su propia existencia, con lo que ha vivido sobre lo que quiere decir. Esa materia no es teoría y retórica, no es el formulario de lo que debe decir para ser “artista de su tiempo” como los teóricos dictan, eso hace que el arte y el artistas desaparezcan y veamos obras que son un reducto de esquematizado de palabrería llevada a hasta la hilaridad. El tema sobre conceptualizado que permite que un montón de almanaques rotos, palabras inconexas ralladas en la pared representen el amor, o lo que sea, como millones de obras VIP, que dan preferencia al tema y su concepto sobre la forma y factura de la obra, en realidad son incapaces de decir algo, requieren de la explicación anexada en una cédula, la obra en su forma y presencia está imposibilitada de manifestar su contenido, y lo que en realidad sucede es que están vacías, no contiene lo que afirman. Las obras vacías y sobre teorizadas nos dejan vacíos como espectadores, porque lo que buscamos es compartir una experiencia, la del artista, y a través de ella ampliar, explicar y comprender la propia. Las obras en las que tema y forma son dictados por el teórico de moda, no aportan esa experiencia, se limitan a llenar el formulario de ser “contemporáneos” para entrar en el esquema de artistas de nuestro tiempo, perdiéndose en la inmediatez que caduca en cada instante. La eternidad de las experiencias que nos significan como ser humanos se pierde en los apetitos mediáticos que devora la masa egoísta y amarillista para creer al día y conectado, con información y eventos manipulados. Obras alimentadas de falsas polémicas, de posiciones políticas oportunistas, de facilismos sociales para detonar “diálogos” que se suman al vocerío hueco. El arte, como la vida, es una experiencia que no podemos limitar a lo que “debe ser”, es la entrega de lo que somos para saber cómo somos.

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