• Regístrate
Estás leyendo: Marginalidad privilegiada
Comparte esta noticia
Viernes , 20.07.2018 / 15:44 Hoy

Casta Diva

Marginalidad privilegiada

Avelina Lésper

Publicidad
Publicidad

Las incongruencias de discurso en el arte contemporáneo VIP son un vicio demagógico. El activismo social y político de los artistas se ha implantado como un canon curatorial, las exposiciones y las obras sustentan su presencia en una agenda que incluye temas de género, sexismo, lucha de clases, racismo y todos los sinónimos de marginalidad. El racismo siempre ha existido en el arte, eso lo saben las mujeres artistas desde el inicio de la Historia, el rechazo y exhibición de esta injusticia no lo han hecho las activistas feministas, al contrario, ellas como cualquier político oportunista han generado una forma de vida de los asuntos de género, que a través del chantaje obtiene becas y privilegios; la verdadera pelea está en las artistas talentosas con obras poderosas que demuestran con trabajo, no con panfletos, que son mejores que muchos hombres que están cotizados en los museos y en el mercado.

Los artistas y curadores activistas han publicado libros, manifiestos, realizado simposios y mediáticas protestas para denunciar su exclusión, porque dicen que sus obras no encuentran suficiente apoyo institucional ni del mercado y en realidad dominan el panorama artístico. La flagrante contradicción es que los abusos éticos, el desprecio ominoso por la civilidad y la nula valoración del trabajo artístico son parte de las obras con agenda activista. Los activistas artísticos manipulan a la perfección el discurso como una confrontación maniqueísta, basta con pertenecer a determinada clasificación de marginalidad para que la obra esté blindada ante la crítica artística, su bandera la hace infalible, es un arte de facciones, de los que están a favor o en contra. El activismo subsiste en prácticamente cualquier obra VIP, y es muy fácil saber por qué, es una trampa que les permite llevar hasta lo más degradante a la sala de exposiciones, con la excusa de la denuncia hemos visto vagabundos y refugiados en las galerías, animales abusados, violencia gratuita, símbolos racistas, pornografía y pederastia, el arte convertido en un circo de lo abyecto con la protección de la facción político-social.

Los artistas y curadores activistas se posicionan en verdugos privilegiados, literalmente al margen de los valores éticos más esenciales para llevar a la sala su prepotencia como forma de arte. Si el arte utiliza el mismo lenguaje y recursos del delincuente para denunciar un delito, entonces está delinquiendo. La virtud del arte radica en poseer su propio lenguaje para demostrar y recrear, manteniendo un equilibrio estético entre forma y significado. El arte VIP ha retorcerlo los fines del arte para convertirlo en un tribunal maniqueo y oportunista, que reduce la realidad en inocentes y culpables. El veredicto se decide en favor de lo que conviene a su imagen y proyección mercantilista. Los patrocinadores, el mercado del arte y las instituciones asociadas al activismo del arte VIP ven una forma efectista para lavar su imagen. Deshumanizaron al arte para politizarlo, reducirlo a la inmediatez de la mediática, un producto de desecho, sin trascendencia revolucionaria.

www.avelinalesper.com

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.