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Martes , 17.07.2018 / 12:56 Hoy

Casta Diva

"Influencer"

Avelina Lésper

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El intelectual comienza su rápida y merecida extinción, ha nacido el gran depredador en la formación de la opinión pública, un híbrido fecundado in vitro dentro de los laboratorios de las agencias de publicidad y marketing, con la genética ideal para convencer a la masa deseosa de ser manipulada. El intelectual se presentaba como una persona informada, culta, con intereses más allá de lo que la horda consume, escribía para aportar un punto de vista sobre temas que, en su criterio, resultan relevantes. Los artículos de estos escritores se podían reunir en libros porque la visión de su discurso trascendía y su vigencia se mantenía como referencia cultural. Las redes sociales, la inmediatez de internet hizo que estos intelectuales evolucionaran a tertulianos y discutan sobre los mismos temas que le importan al más iletrado twittero. La urgencia de mantener influencia sobre el público, de competir en el ranking del número de seguidores es más importante que decir algo trascendente. Vender la pluma como lo hizo Aretino con obispos y príncipes se convirtió en una tradición de las letras, ahora se cambia por venderla a la fama, a la presencia en las redes. Aretino escribía insultos rimados a la medida, y ahora se postea a la medida del público para no contradecir su apetito, para estar en la cauda de lo que se repostea. La tragedia es que no es suficiente este servilismo a la horda, llegaron los influencers y se tragaron años de escribir basura para quedar bien con alguien. Los influencers pagados por las agencias, se están adueñando de la opinión pública y más aún, de los valores sociales. Las agencias que fabrican influencers los reclutan si tienen más de 3 mil seguidores en redes, si postean a diario, si sus post son comentados y reposteados, entonces están calificados para ganar dinero con su presencia en internet. El trabajo de un influencer es el mismo que hacía un intelectual-tertuliano, pero con más éxito: generar conversación y opinión alrededor de una marca utilizando la influencia que han cultivado entre el público con sus publicaciones en las redes. Reúnen la admiración con la confianza, los “social media talents” en la mayoría de los casos carecen de mérito social, pero son un ejemplo aspiracional, lo que la publicidad hacía con modelos, ahora lo hace con esta gente que recomienda un restaurante, un hotel, un perfume y sus seguidores lo adquieren, porque creen en su palabra y quieren ser como ellos. Mientras los intelecto-tertulianos disgregan sobre lo más “trending en política” para agradar a la masa, y sus comentarios de inmediato mueren obsoletos, los influencers amasan dinero y presencia contando un chisme, platicando de sus vacaciones y diciendo a la masa cómo debe vivir para trepar en la apreciación social. Los intelectuales están en total desventaja porque no son simpáticos, no tienen estilo, y no son el ideal para ninguna marca, incluidos los partidos políticos, que ya se manejan como marcas comerciales.

www.avelinalesper.com

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