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Lunes , 10.12.2018 / 14:02 Hoy

Casta Diva

Ignorantes y fanáticos

Avelina Lésper

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Fanáticos que intencionalmente niegan la realidad y la distorsionan para sustentar sus falsos argumentos, son los que lanzaron el ignorante ataque en contra de la escultura Sincretismo de don Ismael Vargas. El arte Novohispano es un Barroco resultado del sincretismo religioso que condujo a la Nueva España a su unificación ideológica y cultural. Las características de este estilo tienen muy poco en común con el Barroco europeo, la inclusión de elementos de la iconografía, cultura, flora, fauna y tradiciones indígenas en las imágenes católicas fue un movimiento pacificador político y religioso. El arte y las religiones desde sus orígenes han estado profundamente unidos, los dioses existen gracias a la materialización que el arte hizo de ellos, la fe es una posición ante la existencia que tiene en el arte su representación iconográfica. Las esculturas, pinturas, escrituras de arte sacro son creación de los seres humanos, de los artistas que dieron forma a la necesidad de creer en algo. En cada altar, templo, libro, están la construcción teológica que determina cada uno de sus elementos. Lo que estamos venerando es la inteligencia humana capaz de crear a sus mitos y su representación. La fe, como una decisión íntima, decide a quién adorar, los símbolos son depositarios de esta fe. La Virgen de Guadalupe es parte del Barroco Novohispano, dotada de la fe necesaria para que nuestra nación existiera, su milagro es la unión de dos culturas bajo la presencia de la divinidad. La escultura de Ismael Vargas la une a Coatlicue, madre creadora que alumbró dioses, que contiene el círculo eterno de la existencia. Es un acierto ver a las dos imágenes unidas en el origen de nuestra cultura. El fanatismo ciego rechaza el innegable hecho de que la fe inspira obras de arte y que cada vez que nos arrodillamos ante una imagen, de la religión que sea, estamos venerando al arte mismo. Sin el arte no habrían existido ni las pirámides, ni los templos, ni las pinturas que ilustran cada uno de los misterios de la fe. La icnografía de La Virgen de la Inmaculada Concepción fue concretada en el Concilio de Trento en el siglo XVII, a partir de sus lineamientos se realizaron las pinturas que le dieron imagen, entre ellas las de Murillo. La media luna turca en la que está posada es una referencia al triunfo sobre los musulmanes en la Batalla de Lepanto de 1571. En este mismo Concilio se prohibió la lectura libre de la Biblia y para impulsar la fe se determinó la iconografía de las imágenes sacras, incluidas las de la Nueva España. La fe es una condición de la naturaleza humana, el arte es parte de esa fe presente en la creación, en la belleza, en las virtudes que dan sentido a nuestra existencia. La recreación de Ismael Vargas es muy bella y acertada, evoca el papel picado de las fiestas, es una celebración a la unión de la fe de nuestras culturas. Atacar esta obra atenta contra la búsqueda que el arte sacro tuvo en sus orígenes: crear un vínculo entre la realidad y la divinidad.

www.avelinalesper.com

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