• Regístrate
Estás leyendo: El mar
Comparte esta noticia
Sábado , 15.12.2018 / 14:58 Hoy

Casta Diva

El mar

Avelina Lésper

Publicidad
Publicidad

Abierto y sin destino, su oleaje es la dirección de un enorme cuerpo que se mueve, abraza, sostiene en la inconmensurable sensación de flotar. El miedo y la seducción, el vicio amatorio al dejarse cubrir por su cuerpo, y pedirle que inicie el viaje que lleva al tiempo largo de sus profundidades. La obsesión de los artistas, es pintar esa fuerza, retener la espuma, y la huella efímera de la ola, naufragando en la observación, se rinden a la invención, Turner, sentado en los muelles, subiendo a los mástiles, vigilante del monstruo, entendiendo sus decisiones, tratando de anticipar para hacer de esa imagen inexistente un presente irrecuperable. ¿Qué es de ese cuerpo sin dimensiones? ¿A dónde se dirige? ¿Por qué regresa si nunca va a permanecer, nunca va a quedarse? Hanuman llegó con su ejército de monos a las orillas del mar, nunca habían visto esas aguas infinitas, se aterraron ante la fuerza de ese ser que gritaba un lenguaje desconocido, tenían que vencerlo para llegar a la isla de Lanka y rescatar a la hermosa Sita de los veinte brazos de Ramana, el demonio de las diez cabezas coronadas. Hanuman, hijo del viento, voló sobre el mar, al contemplar las olas vio en ellas viento, ese movimiento fluido de fuerza y libertad, el aire y el agua, los elementos de su espíritu, avanzó sin miedo, y llegó a Lanka, la ciudad amurallada con riscos y montañas. Mar llévame, dame ese territorio que mi cuerpo no abarca, que mirada no define, entrégame a esa temible distancia que me alejará de todo lo que me persigue, trágame y protégeme, acaba con este presente, déjame ser parte del pasado que llevas dentro. La mitología narra los viajes que el mar invoca, la pintura describe los mares que los artistas sueñan, los poetas cantan a las voces que el mar posee, soberano infinito, me acompaña mientras duermo, me espera cuando lloro. Después de flotar por horas, el cuerpo absorbe su ritmo y continúa en esa memoria que los músculos aprenden, la cadencia avanza en la sangre, en la piel, y lamento que sea un engaño de los sentidos. Ramana es el demonio de las ilusiones, tal vez por eso se rodea del mar, porque al contemplarlo tenemos la necesidad de viajar, de vivir historias, de no regresar, ser lo que no somos, ser valientes, ligeros, dejando las cargas que nos retienen, porque por el mar estamos dispuestos a perderlo todo, porque creemos que tendremos el poder del que desprecia al futuro. Es un engaño, Ramana lo sabe, se burla de la credulidad, él inventa esas alucinaciones, y con olas suaves nos deja jugar, con olas más fuertes nos jala, y con las más violentas nos traga y nos arroja. Los poetas miran ilusiones y cegados por el engaño relatan lo que perdieron, nadie cree a los poetas, nadie cree a los aventureros, descubrimos que Turner mentía, flotamos, flotamos, sobre la densidad de esas historias, el verdadero navegante no busca los puertos, destruye los mapas, ve a las estrellas y olvida sus nombres.



www.avelinalesper.com

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.