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Columna de Aurelio Martínez C.

"De atrás pa’ adelante"

Aurelio Martínez C.

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Algo pasa con la audiencia hacia la música clásica.

Mi tío Roberto, cura de pueblo, tenía muchos pájaros en su casa, por el gusto de oírlos cantar, mismos que asistía su hermana, mi tía María, a quien, por cierto, le faltaba una pierna de la rodilla para abajo. En cierta ocasión, al entrar y encontrar que los canarios y pájaros no cantaban, le pregunta: “oye, María, ¿qué pasó? ¿por qué los pajaritos están tan silencios? Esto está raro…”.

Mi tía se acerca con un canario muerto en la mano y le dice: “-fue el gato. Mira: este ni siquiera lo tocó, pero se murió de susto; anduvo por aquí ese gato dañero y los dejó todos trastornados, por eso no cantan”-.

La gente no asiste a los conciertos, y, cuando asiste, difícilmente reacciona al estímulo de la música y eso debe preocupar.

Que la gente no asista porque no sabe (ignorancia) no se discute; que no asista porque no sabe que hay conciertos es lamentable, que no asista por que no puede pagar, también; pero, que asista y le da lo mismo, como si no escuchara… eso, nos debe de alertar a los que hacemos música: sobre todo de un sector de asistentes que de alguna manera debieran reaccionar, el público sensible.

Si es la calidad de la música la que está en juego, pues… a ponerle ganas, pero ¡ya! En el fondo me pregunto, si tanta violencia social, si tanto alboroto de otras músicas ha provocado que la gente “pierda el oído”, o esté aturdida a músicas constructivas.

Los pájaros cuando se asustan dejan de cantar, porque dejan de oír que otros lo hacen y, entonces ¿qué? Hay que buscar ese gato dañero.

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