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Martes , 19.06.2018 / 18:41 Hoy

Columna de Augusto Chacón

Y luego nos vamos a cenar

Augusto Chacón

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Es una tradición acendrada en México que los informes del gobierno entreguen anualidades de los bienes y beneficios que manan de él hacia los gobernados. Es una tradición rancia que los gobernados no crean nada de lo que dicen los informes. Luego de que siete décadas del PRI en el trono llevaron a un hartazgo mayúsculo era urgente que recibiéramos señales de que tomaríamos un derrotero otro, y uno de los signos más accesibles era el informe; queríamos que el día de su entrega al Congreso dejara de ser el del Presidente, cuando todos los poderes, incluidos los fácticos, los demás órdenes de gobierno y los medios de comunicación le rendían pleitesía pública y notoria al autócrata sexenal, y nos lo concedieron, o mejor dicho, lo trocaron por una versión distinta, pero sólo en la forma: sin la monserga de tener que ir ante los diputados, el Primer Ejecutivo se vio libre para convocar a los súbditos por él elegidos, a los preferidos y más vistosos, y pasar su mensaje urbi et orbi a quien quisiera escuchar. Hoy, a la vuelta de unos años, ese mensaje es ya otra bonita tradición que sirve para lo mismo que la anterior: contarnos de las bondades y beneficios que él, el Presidente, prodigó durante doce arduos meses y, para no ser menos, respondemos apegados a la otra tradición: no le creemos nada, y la banda tricolor que se cruza en el pecho para su holgorio personal no la tomamos como un gesto republicano, es mera decoración, eso sí, muy tradicional.

La "glosa ciudadana" en Jalisco pareció hacerse cargo de que era imperativo dar un sesgo diferente a la costumbre, e idearon que el gobernador respondiera a los cuestionamientos de algunos ciudadanos y ciudadanas respecto al contenido del informe. Con sus asegunes, no lucía mal en un medio, el político, muy dado a desestimar lo que las personas ajenas al gobierno y a los intereses del gobernante tuvieran que decir respecto a la gestión pública; es decir, la glosa ciudadana no fue, no es, una graciosa concesión, sino un restañar, someramente, la democracia anómala que padecemos, en la que el pueblo debe conformarse con votar. Hoy, recién pasada su tercera edición, la glosa ya accedió al pedestal de las tradiciones; es comidilla en los medios de comunicación, en los conventillos políticos, en la academia y... no es más, primero, porque su insumo central no cambió, el texto que presenta la lista de las maravillas que prohijó el gobernador; después, porque el asunto principal de la acción de gobernar, que el territorio y las instituciones de las que se sirve el gobernante sean propicios para que las personas gocen de la igualdad y vivan bien, se quedaron, como es habitual, en la periferia de lo que el mandatario quiso informar. Sí, en la glosa ciudadana del miércoles anterior hubo expertos y expertas que visitaron esa zona poco vista, jamás puesta en un informe, y señalaron las omisiones y las fallas en las que la actual administración incurrió, a cambio recibieron respuestas medianas y ningún compromiso a futuro, porque para efectos oficiales se considera que la glosa salió a pedir de boca si unos apechugaron con gallardía (no cuentan la ignorancia ni el abuso de las tangentes) y si los otros, y las otras, lograron provocar cierta catarsis al mostrarse críticos y puntillosos con el documento y con el gobierno.

El lema del tercer informe de Aristóteles Sandoval convoca: "Hablemos de Jalisco", pero en seguida el spot acota: "de los jaliscienses que están construyendo su historia de éxito y bienestar". Quizá la ruptura contundente del rito habría consistido en, sí: hablemos de Jalisco, pero de los que no la ven llegar, de las y los pobres y los hambrientos, de las y los violentados por los criminales y por las autoridades, de la desesperanza de tantos jóvenes, de los indígenas, de la corrupción, del moribundo río Santiago, de libertades. Del Jalisco de los informes ya estuvo suave, está sobrerrepresentado, con todo y que refleja a una tradicional minoría.

agustino20@gmail.com

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