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Sábado , 23.06.2018 / 13:51 Hoy

Columna de Augusto Chacón

Todo por decir, casi todo por hacer

Augusto Chacón

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Los gobernantes tratan con una realidad que rara vez coincide con la que los demás experimentan; aunque hay excepciones cuando dibujan un panorama económico para una parte de la iniciativa privada, o para toda, o cuando esgrimen cifras alegres para dos o tres sectores y los aludidos se inscriben en el optimismo. Supongo que a la gente de cualquier estado le causa satisfacción que su entidad sea considerada, por decir algo, el gigante agroalimentario, que sea campeona de crear puestos de trabajo o atractiva para racimos de turistas y para la inversión extranjera; pero la satisfacción que no es la de los beneficiarios directos de los rubros específicos que se festinan es similar, tal vez menor, a la que provoca la selección nacional de futbol: disfrutable pero efímera, por un rato eleva el ánimo, pero no modifica las condiciones objetivas de vida de la inmensa mayoría. Según los teóricos del modelo económico que nos constriñe, los aciertos que miden las cuentas estatales indirectamente acarrean beneficios amplios, sólo que nunca es posible precisarlos más allá de los afortunados de siempre.

Los gobernantes en México, rebasados por las malas condiciones en que viven tantos, se aferran a los buenos resultados de parcialidades para vanagloriarse y evadir el pantano que hoy forman los servicios públicos, la inseguridad, la desigualdad, la degradación del medio ambiente, la injusticia, la pobreza… lista larga que los empuja a fugarse por la vía de las minucias y los eufemismos, vestidos con la armadura del yo no fui, fueron los de antes y tras el escudo de las arbitrarias circunstancias, las que ignoraban cuando pidieron el voto. Quienes gobiernan informan de la imaginaria cosecha de manzanas y cerezas, los gobernados sólo miran tejocotes y cañas, suma imposible.

Por eso el diagnóstico de la seguridad pública que el gobernador Aristóteles Sandoval hizo el miércoles pasado es para destacarse; sí, azuzado por la cifra de asesinatos de las últimas semanas, pero al cabo hizo el esfuerzo por no minimizar lo inocultable y se aproximó a la realidad que padecen los ciudadanos: “la explicación de reacomodos de grupos delincuenciales no es suficiente”. “Hemos puesto todo nuestro empeño en contener el vendaval de violencia; sin embargo, la fuerza de la tormenta es tal, que no hemos logrado aislarnos de la crisis que como ya mencioné sacude a todo el país.” Contención que “ha sido insuficiente para combatir la percepción de inseguridad.” Y no sólo la percepción, las autoridades estatales y municipales no han podido, ¿querido?, impedir que Guadalajara sea usada por los malvivientes como antesala de la morgue. Y siguió, contundente: “Debemos entender que la situación es crítica y no tiene indicios de mejorar.” “Vienen días complicados, no les miento, la ola de violencia no se va a terminar.”

Y esbozó algunas medidas: cultura, deporte, “mejorar la coordinación entre corporaciones”. “Autoridades dedicadas de tiempo completo a sus funciones.” “En la unidad es donde tenemos la única clave de desarrollo y éxito.” Unión en la que incluyó a la sociedad, pero “Somos nosotros [él, los alcaldes] los que debemos y vamos a poner el ejemplo.”

Su corrimiento a la franqueza es un buen avance; sin embargo, cómo leyó la oposición el mensaje ¿en clave de la matanza y los delitos que deben cesar o en clave electoral? ¿Veremos acciones y efectos de éstas que nos tranquilicen? Organizaciones, barrios, colonias, ¿reaccionarán al llamado a la unidad? ¿Qué puede hacer la gente del común, a qué exactamente la convoca? Porque su diagnóstico incluyó un escollo mayúsculo: al interior de las policías hay infiltración y malos elementos. Aun así, lo primero que a los gobernados toca medir es el ejemplo que ofreció poner: cuerpos policiacos renovados y dignificados, coordinación entre corporaciones, rendición de cuentas. Lo segundo, lo sugirió él mismo: “No dejemos de horrorizarnos. No dejemos de alzar la voz”.

agustino20@gmail.com

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