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Domingo , 24.06.2018 / 21:37 Hoy

Columna de Augusto Chacón

Segundo acto de la globalización

Augusto Chacón

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Las potencias mundiales no pueden salir con que no olían lo que se cocinaba en Siria desde 2010. Los poderosos suelen ser responsables cuando los quiebres en las naciones pobres son brutales. Por ejemplo: un gobierno al que no limitan las fronteras arma a un grupo, en el país que sea, para que combata a un rival que por su lado es pertrechado por otro gobierno que entiende la política y los procesos sociales de manera distinta que el primero; lo invariable es el trato económico que reciben los bandos contendientes: les cobran igual y no averiguan de dónde sale el dinero para pagar, tampoco se pone en entredicho que el proveedor luego del conflicto, si todo sale bien, pase a ocupar el territorio, a través de sus empresas, si todo sale mal, como en Siria, ni modo, lo único ineluctable es el fluir del capital. Pero si los gobiernos interventores quieren pasar por recatados, surge el traficante consentido para hacerse cargo de que las municiones no falten a los enfrentados. Que Obama, Merkel, Hollande, Cameron, Netanyahu y Putin no pongan cara de sorpresa y compunción por la tragedia en el Oriente Medio.

Las potencias mundiales no pueden negar que está en sus cálculos que la concentración de riqueza crea un plano inclinado: el peso de la aglomeración del dinero en los ochenta sujetos que según Oxfam tienen lo equivalente a los recursos que posee la mitad de la población mundial, hace que los livianos, por pobres, sean impelidos a deslizarse hacia donde está la mayor gravedad de la economía que supone trabajo, alimentos y seguridad: de Centroamérica hacia México y con suerte a Estados Unidos; de Oriente Medio hacia Europa Oriental y con suerte a Francia, Alemania e Inglaterra; de África a España e Italia y con suerte... no se ahogan. Lo que bajo ningún criterio moral se sostiene de parte de los poderosos, sean gobiernos, corporaciones o meros individuos, es su culpar a las "economías emergentes" por no retener a su población, el drama de quienes migran comienza en Nueva York, Chicago, en Londres, en París, Berlín, en Tokio o Pekín, con todo y que los países como México completan el esquema con su corrupción y con la indolencia de su clase política. Es terrible, pero las motivaciones para emigrar no necesariamente están en las bolsas de valores o en el producto nacional, basta revisar los desechos de los habitantes de Houston, de Manchester, de ciertas delegaciones del DF, de una zona de Monterrey y de varias colonias de Guadalajara o Madrid: la basura de unos puede ser la opulencia de otros. Cuando los consejos de administración de las empresas mayúsculas revisan sus estados financieros y acuerdan con sus ejecutivos las prestaciones (si el golf, el jet, si los bonos) suena a lo lejos el disparo de salida para que hondureños, etíopes, sirios, mexicanos, etc., abandonen su lugar de origen: cualquier incertidumbre respecto a la ruta y los peligros es más dulce que su presente miserable y eterno.

Las potencias mundiales no desconocen que la promesa de una utopía extrafronteriza para los pobres es parte de los negocios globales. Venta, renta o consignación de armamento, drogas, niños, mujeres y hombres, transacciones del juego del capital cuya única moral es amontonarse en las arcas de unos pocos, en Nueva York, en Londres, en Hong Kong, donde se decide si las prestaciones, si los bonos y, también, si el éxodo. Las veredas que usa la gente para huir, para pretender su esperanza, son ahora panteones lineales, sólidos o líquidos, ocupados por los cuerpos de los migrantes que al morir duplican su inexistencia: para la justicia no eran, luego para el mundo dejan de estar. No es la economía neoliberal, son individuos concretos contra la gente, contra el planeta, es la codicia individual que toleramos a quienes se servirán de cualquier modelo económico que elijamos, hasta en tanto los Estados no decreten ilegal la acumulación extrema, de dinero y de poder, o hasta en tanto la injusticia no se vuelva explosión incontrolable.

agustino20@gmail.com

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