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Domingo , 23.09.2018 / 06:24 Hoy

Columna de Augusto Chacón

Identificar las piezas que sobran

Augusto Chacón

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Estruendo inusitado, el derrumbe.

Qué pasó, por qué; el ansia por entender dura un segundo, tus piernas toman el control y correr es la única opción. La polvareda súbita nubla tu vista y en tres segundos el miedo rige y pronostica: me voy a morir, piensas, nos vamos a morir, insistes; pero te detienes a pesar de que tu carrera pudiera no tener fin, se trata de llenar con lejanía el quebranto abrupto de la realidad que dominabas, ahora sólo el terremoto es objetivo, qué ganas de que tus piernas siguieran dando las órdenes y que no tuvieras que pensar. Imposible; veinte segundos después el cosmos absoluto que creaste instigado por el fenómeno impredecible se extingue y quedas estático, de espaldas al cataclismo, giras y lo miras: ya la gravedad hace lo suyo, llama al suelo las partículas terrosas que salieron despedidas, y percibes, desde el margen, olores y ruidos que antes no estaban, entre la bruma aún espesa que tizna tus fosas nasales, lo derruido se revela y sin que medie reflexión haces el recorrido en sentido contrario, el miedo es un mero residuo que, si acaso, se manifiesta en tu pulso. Desuncido de la conciencia, o quizás movido por ella, nunca lo sabrás, quedas junto a los escombros, es necesario ayudar a quien pueda estar debajo y cargas y mueves cascajo; la rugosidad de los desechos, las emergentes varillas truncas y los gritos te sacan del ensimismamiento y descubres el prodigio: junto a ti hay otras, hay otros empeñados en la misma tarea, ahí y en los derrumbes de más allá de tu rutina, en lo asolado en un territorio extenso que contiene a millones.

¿Y el otro derrumbe? El silente, el inadvertido, el que intuimos por efectos como el encono y la desigualdad, como la corrupción y la desconfianza que atenazan a la sociedad; quién se agachará a remover los cascotes de las instituciones, quién se ocupará de sacar de entre ellos lo que haya sobrevivido o al menos aquello que pudiéramos volver a utilizar, una idea, cierta actitud, un código, de perdida un programa social fértil. ¿Por dónde comenzar la reconstrucción? Tal vez por lo más obvio: reconocer que la arquitectura institucional falló hace muchos años y que la estructura está en peligro de desplomarse entera; o tal vez a partir de acusar que los representantes más conspicuos de la trama gubernamental son parias para la sociedad a la que debían servir, esos representantes que cada que la gente se hace cargo de rescatarse a sí misma son vilipendiados y expulsados: no sirven en los pocos días de luz y bonanza, imposible encontrarlos benignos y aceptables en las horas aciagas y oscuras. O quizás la reedificación podría iniciar con ellos mismos haciéndose cargo del mensaje que por estos días propaló la gente: aunque la causa de los estragos sea un fenómeno natural incontrolable, hay daños previos que potenciaron las secuelas esperables del terremoto, daños imputables a la clase gobernante, a la clase política y a las élites que congenian interesadamente con aquéllas.

Veo en la pantalla siete pisos convertidos en dos. La cámara apunta a un grupo de bomberos y civiles que se asoma a un hueco entre las capas de concreto y ladrillos, es imagen de fondo para lo que comentan la reportera y los conductores.

Los personajes alrededor de la oquedad se inclinan, parecen dialogar, uno de ellos mete la cabeza al hoyo y, de pronto, como si algo poderoso lo jalara desde el interior, desaparece. Es impresionante, emociona tanto valor; en momentos así, de tragedia, y en el día a día, de violencia incesante, para la gente del común el miedo es sólo una referencia extra, parte de la vida; en cambio, para no pocos gobernantes el miedo es el origen de sus cálculos: si se ven impelidos hacia un espacio que no les ofrece beneficios personales inmediatos prefieren abstenerse, ladinos, hasta que las circunstancias sean favorables a sus proyectos; no los apenan los actos generosos de los voluntarios, tampoco los de los bomberos o los de los soldados, y más: no les atañen.

agustino20@gmail.com

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