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Miércoles , 17.10.2018 / 22:27 Hoy

Columna de Augusto Chacón

El negocio de no negociar

Augusto Chacón

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Con una entereza de la que ya sabemos no tiene, o para no caer en absolutismos que inhiben el diálogo: con una entereza de la que no echa mano nunca, el presidente Peña Nieto mandó decir desde Canadá que la ley no se negocia. Semejante recordatorio a lo mejor consiguió que miles de alcaldes, decenas de gobernadores y una multitud de legisladores y legisladoras se postraran, meditabundos: ¿habré negociado alguna ley? ¿Será igual negociar con la ley que negociar a pesar de la ley o que negociar para hacer una ley? Una sentencia de semejante calado no puede ser sacada de su entorno específico: la crisis de diversas índoles puesta en evidencia por las protestas reivindicadas por la CNTE, en Oaxaca, en Chiapas, en varias ciudades del país, entonces, la ley con la que según el Presidente no se trafica es la reformada que atañe a la educación.

En un primer momento, el impulso es coincidir con Peña Nieto, porque en ese primer momento aparecen las imágenes de la televisión con los bloqueos en Oaxaca y algunos titulares de periódicos que suelen adjudicar a las y los profesores la responsabilidad de lo que vemos en la tele. Por suerte, como dijo Cantinflas a los diputados, hace mucho, "hay momentos en la vida que son verdaderamente momentáneos", y luego de que superamos la momentaneidad regresamos a sopesar la admonición presidencial: la ley no se negocia, con similar intransigencia cuántos tiranos lograron no sólo que la ley se negociara, sino que se derogara con todo y la nación correspondiente, con todo y los tiranos que muy dignos por no haber transado con los inconformes terminaron por huir, como Porfirio Díaz, que se embarcó en medio de una tormenta de balazos que amainó cuando los disputantes decidieron pactar leyes, y nació la Constitución que no hemos dejado de negociar. Por mencionar un caso, en 1929 el acuerdo soterrado con el clero.

Una mirada no tan profunda a la historia puede dar con negociaciones de la ley; de unos años a la fecha lo enunciamos de este modo: la ley no se negocia, a menos que sea temporada electoral. Es casi seguro que a comienzos de 2018 más de un partido político ofrecerá revisar las reformas, no sólo la dizque educativa; porque en la momentaneidad soberana que serán las elecciones, lo que sea se ofrecerá para la negociación; las tan promocionadas modificaciones constitucionales que llevarían a México al umbral del desarrollo imparable perderán el mote de "estructurales" para quedar apenas como iniciativas de un Presidente más, de los del montón.

Por supuesto que la ley se negocia, si no: ¿para qué tener un Poder Legislativo permanente y para qué los negociadores de cada sector económico interesado en que los códigos que les afectan sean creados o modificados a su imagen y conveniencia? Lo expresado por el Presidente tiene destinatarios precisos que deben entender que hay personas, digamos los profesores inconformes, con quienes las leyes no se negocian, y que le hagan como quieran, y bueno, han querido protestar contundentemente y hoy no tenemos certeza sobre si ellas y ellos son los violentos o si la policía, federal o la que fuera, está presta para dar rumbo agresivo a las manifestaciones o si agentes externos al CNTE aprovechan para empañar más el panorama, y no lo sabemos porque el Presidente negado para negociar la ley está más que pronto para hacerla a un lado: su régimen es incapaz de dar cuenta, no digamos de la trama política, social y económica que rodea al encono expresado en el espacio público, sino de los hechos básicos y de actuar en consecuencia. Al final, la ley con la que Peña Nieto rehúsa comerciar con los maestros es lo de menos, por encima, inapelables, están los opinadores de los medios "nacionales" que pontifican y dictan sentencia; de este modo, la verdad y la justicia tampoco son negociables, porque son lo de menos, lo relevante es influir, y eso se da muy bien cuando se acumulan creyentes en cantidad proporcional a los adjetivos empleados.

agustino20@gmail.com

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