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Miércoles , 17.10.2018 / 23:01 Hoy

Los derechos hoy

La conquista de la democracia paritaria

Arturo Zaldívar

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La jornada electoral del 1 de julio trajo consigo uno de los mayores avances democráticos de nuestro país en los últimos tiempos: por primera vez, el Congreso federal tendrá una integración muy cercana a la paridad, es decir, que ambas cámaras estarán integradas por un número aproximadamente igual de hombres y mujeres, y un resultado similar se perfila en muchas de las legislaturas locales que se renovaron.

No se trata de una conquista menor. En un mundo en el que la participación igualitaria de las mujeres en los parlamentos sigue siendo una tarea pendiente, México se colocará, quizá, entre los tres países con mayor participación numérica de mujeres en el Congreso federal.

Estos resultados son la culminación de una larga lucha emprendida desde hace varias décadas por mujeres y organizaciones de la sociedad civil, que pusieron sobre la mesa la necesidad de dar voz y representación a esa mitad de la población históricamente segregada de la vida pública, y cuyos esfuerzos llevaron a la reforma constitucional de 2014 que incorporó el principio de paridad en las candidaturas a las legislaciones federal y locales.

Sin embargo, las leyes por sí solas son insuficientes para generar los cambios sociales. Además del marco legal adecuado, es necesaria voluntad política para la implementación de políticas que realmente emparejen el terreno de juego para las mujeres. Así, para pasar del principio constitucional de paridad en las candidaturas a los resultados concretos que estamos viendo fue necesario el compromiso institucional de las autoridades electorales, así como el seguimiento constante de las organizaciones de mujeres para implementar las medidas que le dieron efectividad a las candidaturas.

La participación de las mujeres en los órganos de representación es central en la lucha por la igualdad de género. La presencia e influencia de las mujeres en los congresos no solo permite llevar a la agenda los temas relacionados con mujeres, sino que brinda la oportunidad de incorporar una perspectiva de género transversal a toda la labor legislativa. Además, la inclusión de las mujeres en la política abona al cambio cultural, al desplazar las creencias y prejuicios que limitan el rol de las mujeres en la sociedad.

Pero para que todo esto sea posible, es necesario que en el seno del Congreso las mujeres puedan contribuir de manera efectiva a la construcción de las políticas públicas. Su inclusión debe tener un impacto político real y para ello deben participar igualitariamente en los órganos de gobierno, en las comisiones legislativas y en la coordinación de los grupos parlamentarios.

Será fundamental también que este proceso de feminización de la política continúe en las entidades federativas, no solo en las legislaturas, sino también en las presidencias municipales y las gubernaturas, lo que acompañado a la propuesta del próximo gobierno de nombrar un gabinete paritario, incluyendo a la primera secretaria de Gobernación, y la elección de la primera mujer como jefa de Gobierno de Ciudad de México contribuirá a desmantelar las estructuras que al día de hoy siguen obstaculizando la participación de las mujeres en los procesos de toma de decisiones.

Con todo, los históricos avances obtenidos no deben hacernos perder de vista que aún subsisten en muchos ámbitos la violencia política, el hostigamiento y la intimidación contra las mujeres, además de un desequilibrio en la distribución de las cargas de trabajo en el hogar y en los cuidados familiares, que disuaden a muchas de buscar acceder al poder.

Abatir la brecha de desigualdad que existe entre hombres y mujeres en el goce de sus derechos es una de las mayores aspiraciones democráticas. Es indispensable para el desarrollo del país y para el bienestar de la población y, en ese sentido, debe ser un tema prioritario de la agenda nacional.

Siguen siendo necesarios los esfuerzos de todos hacia una democracia más representativa y diversa, en la que la voz de todos pueda ser escuchada y las necesidades de todos, tomadas en cuenta. Nuestra democracia no puede pasarse de nadie, sin duda no de las mujeres.

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