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Lunes , 15.10.2018 / 17:55 Hoy

Los derechos hoy

Facebook y la vida privada

Arturo Zaldívar

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La comparecencia de Mark Zuckerberg ante el Congreso de Estados Unidos parece no haber cumplido con su cometido de obtener respuestas satisfactorias en cuanto al grado de conocimiento y la responsabilidad de Facebook en la ilegal recolección de datos de millones de usuarios por parte de Cambridge Analytica, pero sí fue reveladora de cómo la operación de esa red social conlleva toda una serie de riesgos para la privacidad de las personas.

La brecha generacional entre Zuckerberg y los senadores, la propia complejidad técnica de los temas abordados y también la opacidad de la compañía acerca del manejo de los datos que compila, impidieron un dilálogo esclarecedor, pero sin duda pudimos advertir el tamaño de los retos, comenzando por entender qué tipo de empresa es Facebook, qué hace y cómo lo hace, para a partir de allí comprender cuáles son las implicaciones y cómo enfrentarlas.

Emergieron preguntas como: ¿Durante cuánto tiempo conserva Facebook los datos de los usuarios que deciden borrar sus cuentas? ¿Se monitorea la actividad en línea y en todos los dispositivos de los usuarios aún cuando se desconectan de la plataforma? ¿Es cierto que se recaba información sobre personas no usuarias? ¿Cómo pueden explicarse en términos claros y sencillos las prácticas de recolección de datos de Facebook? No se obtuvieron todas las respuestas, pero están claramente sobre la mesa los ejes de preocupación.

Lo cierto es que las relaciones interpersonales se desplazan cada vez más hacia el ámbito de las redes sociales, las cuales se han convertido en verdaderos espacios públicos digitales en los que la vida privada tiende a sobreexponerse ante audiencias cada vez más difusas, de las que se espera reciprocidad, de manera que se trata de ámbitos en los que observamos y somos observados.

Lo anterior nos pone en una disyuntiva entre esa inclinación a compartir nuestras vidas y asomarnos a las de los demás y, por otro lado, la necesidad de conservar un espacio de intimidad en el seno del cual tengamos la libertad de construir nuestra propia personalidad, lejos de las miradas y la presión social.

A fin de cuentas, el respeto a la vida privada es un derecho de la mayor relevancia, que constituye una condición necesaria para el ejercicio de otros, en tanto es instrumental al ejercicio de la autonomía personal.

Y sin embargo, a pesar de ser un derecho que tuvo que conquistarse venciendo diversas resistencias, en la actualidad el individuo es alentado, prácticamente empujado, a desplegar públicamente su intimidad, con lo que el concepto de vida privada se va desdibujando y vaciando de contenido.

Con todo, subsisten preocupaciones en torno a la manera en que somos vigilados y cómo la información sobre nuestra vida privada puede ser utilizada para efectos criminales como la pedofilia, la suplantación de identidad o los fraudes financieros. Y no solo eso, a pesar del relajamiento en las exigencias del respeto a la vida privada, mantenemos un deseo de protegernos de la exhibición indeseada de nuestra intimidad, de la publicidad comercial insistente o de determinadas intrusiones externas indeseadas. En la medida en que la tecnología permite a los otros incursionar cada vez más en nuestro mundo personal, surgen nuevas razones para protegernos de la explotación de nuestros datos. Mientras más nos abrimos al mundo, mayores son los riesgos que hacen necesario proteger lo que queremos mantener en la confidencialidad. Mantenemos la necesidad de guardar secretos o borrar huellas.

Queremos conectarnos con los demás, queremos darnos a conocer, queremos mostrarnos, pero también queremos escoger a quién abrimos nuestro espacio de intimidad. Queremos ser cada vez más transparentes, pero lo hacemos en el entendido de que mantenemos el control de lo que damos a conocer.

Facebook es una herramienta que nos permite comunicarnos y desarrollar nuestra identidad en un mundo globalizado. Nos permite mantenernos en contacto y desarrollar relaciones, estar presentes en la vida pública y acceder a contenido y publicidad de nuestro interés. Pero ha llegado sin duda la hora de debatir la regulación, con todos los riesgos que ello implica. Es una conversación que no podemos aplazar.

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