• Regístrate
Estás leyendo: El drama de los bebés en prisión
Comparte esta noticia
Miércoles , 12.12.2018 / 02:24 Hoy

Los derechos hoy

El drama de los bebés en prisión

Arturo Zaldívar

Publicidad
Publicidad

El pasado 30 de abril muchos niños en nuestro país no tuvieron nada que festejar. Un sinnúmero de ellos vive en situaciones de violencia intrafamiliar, trabajo infantil, pobreza extrema, abuso y explotación sexual. Demasiados son reclutados por el crimen organizado, orillados a migrar en condiciones deplorables, o bien, objeto de bullying, cyberbullying, grooming, sexting... Son muchas las circunstancias por las que niños y niñas son despojados de su infancia; son múltiples las condiciones que les impiden el pleno disfrute de todos sus derechos y obstaculizan su desarrollo.

Una de estas duras realidades es la de los bebés que habitan con sus madres en reclusión. Es evidente que una prisión no es un lugar apto para un infante. Los centros penitenciarios no están adaptados a las necesidades de los menores; su finalidad no es acogerlos, y en tal medida carecen de la infraestructura y servicios que requieren. Peor aún, el hacinamiento y sobrepoblación, las condiciones deficientes de reclusión, la ausencia de servicios básicos y la falta de control efectivo de los penales por parte de las autoridades, que caracterizan a los centros penitenciarios en México, producen un entorno en el que los niños muchas veces son testigos de violencia, riñas, consumo de drogas o actos sexuales; además de que carecen de acceso a servicios adecuados de salud, educación, alimentación, lugares de esparcimiento, etc.

No obstante, frente a las claras dificultades y riesgos que supone la presencia de niños en las prisiones, otros factores apuntan a la importancia de la convivencia de los hijos con sus madres, sobre todo en la primera infancia. Diversos estudios demuestran la necesidad del vínculo materno para el correcto desarrollo y la conformación de la personalidad y, en este sentido, se presenta un grave dilema sobre la manera en que la sociedad debe satisfacer el interés superior de niños y niñas en situaciones límite como estas. De esta forma, se ha generado todo un debate en torno a la conveniencia de permitir que los menores vivan en centros penitenciarios, la edad adecuada para que deban abandonarlos y las condiciones que deben garantizarse a su favor.

Ponderando todos estos elementos, la Suprema Corte ha establecido la obligación de las autoridades penitenciarias de adoptar medidas de protección reforzadas que mitiguen la condición de vulnerabilidad que enfrentan los niños y sus madres privadas de la libertad y que les garanticen una convivencia en condiciones positivas y de dignidad. Para ello, deben esforzarse en poner los derechos de los niños y niñas como eje de sus acciones, realizando los ajustes necesarios para que esto sea posible. De igual manera, llegado el momento en que deban abandonar los centros de reclusión —generalmente se ha señalado la edad de 3 años— la separación debe darse en forma paulatina, gradual y sensible, manteniendo la posibilidad de un contacto posterior frecuente y con un acompañamiento psicológico durante todo el proceso.

Este precedente es un ejemplo de la sensibilidad y flexibilidad con que deben abordarse los temas que involucran los derechos de menores. En todas las situaciones que representan un obstáculo para el goce efectivo de sus derechos, es indispensable que las autoridades jurisdiccionales y administrativas, en sus respectivos ámbitos de competencia, asuman el deber de anteponer el interés superior de los niños, interpretando las normas aplicables de conformidad con ese principio, evaluando los casos en forma particular, y tomando siempre en cuenta su opinión respecto de las medidas que les atañen.

Para desarrollarse hasta el máximo de su potencial, para estar en aptitud de aportar sus contribuciones a la sociedad, los niños requieren de medidas de protección que coloquen su bienestar en el centro de las políticas públicas. México no puede aspirar a ser un país más justo e igualitario mientras los niños no sean una prioridad. La alegría y las sonrisas de los niños, o la ausencia de ellas, son un indicador que nos confronta con la realidad del país que somos. Asegurar su felicidad es esencial, porque en ella se juega el futuro y la esperanza de nuestra sociedad.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.