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Los derechos hoy

Después de la elección, la reconciliación nacional

Arturo Zaldívar

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México llega a una elección histórica —la más grande de todos los tiempos y la más compleja de los últimos años— en un ambiente social polarizado, ríspido y dividido. Se percibe una animosidad en el debate público que es producto, por un lado, del tono mismo de las campañas, pero también de la situación que atraviesa nuestro país, en el que imperan realidades que no pueden esconderse y que han alimentado esta división.

La violencia incontenible, la corrupción sistemática y las profundas desigualdades sociales hacen de este país uno en el que las élites ostentan sin pudor sus privilegios, mientras que millones de pobres carecen de todo: agua, alimentación, salud, educación, justicia.

En este sentido, es claro que los retos que se avecinan a partir de la elección son muy grandes y complejos, y requieren necesariamente de la participación de todos en el ámbito que a cada quien corresponda.

Una primera condición necesaria para enfrentar adecuadamente estos retos es que la noche del 1 de julio, el presidente del INE salga a proporcionar los datos del conteo rápido, a fin de que se conozca la tendencia de la votación para la Presidencia y que, de manera inmediata, exista un reconocimiento y aceptación del resultado por parte de todas las fuerzas políticas.

México no puede permitirse la incertidumbre de los resultados, por lo que el día de la jornada electoral todas las autoridades, candidatos, partidos y grupos de la sociedad civil deben actuar con total transparencia, responsabilidad y apego a derecho.

A partir de allí, una vez superada la fase del resultado, todos tenemos el reto de buscar la unidad del país en lo esencial. Es lo propio de una sociedad democrática que existan diferentes voces; que personas con puntos de vista divergentes busquen espacios que los representen y en los que puedan manifestar sus ideas, pero en medio de todas esas voces y toda esa diversidad es indispensable que encontremos terreno común en lo fundamental: la vigencia de la democracia, los sanos equilibrios entre los poderes, la rendición de cuentas, el pluralismo político y el respeto a los derechos humanos de manera destacada, la libertad de expresión, la igualdad y la no discriminación.

Por otro lado, quienes ostentamos una responsabilidad pública tenemos la obligación y el compromiso de actuar con altura de miras y visión de Estado, anteponiendo ante todo el bienestar de México y participando, en la medida de nuestras facultades y sin menoscabo de la independencia de los poderes y órganos, en favor del proyecto que haya sido elegido y decidido por el pueblo de México. Respetar la voluntad popular también es saber entender los mensajes que manda el electorado y hacer frente a los reclamos sociales expresados en las urnas.

Una vez pasada la elección es el momento de buscar la unidad en democracia, la unidad en la diversidad, la unidad en la diferencia, la unidad en la tolerancia y en el respeto, la unidad en la posibilidad de alternancia y, sobre todo, la unidad en la lucha por la paz, por la reconciliación, contra la corrupción, contra la desigualdad y en la defensa y desarrollo de los derechos humanos.

Estoy convencido de que un México con justicia, igualdad, seguridad y certeza es posible, pero avanzar hacia él requiere de diálogo, respeto, concordia y tolerancia. La elección del próximo domingo presenta retos importantes pero, a la vez, nos brinda la oportunidad de participar en una renovación común de nuestro compromiso con los valores de nuestra democracia.


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