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Martes , 11.12.2018 / 21:52 Hoy

Columna de Arturo Saucedo

¿Amanecer? Dilemas de la política cultural del próximo sexenio

Arturo Saucedo

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Todo lo sólido se desvanece en el aire, todo lo sagrado es profanado, y los hombres, al fin, se ven forzados a considerar serenamente sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas
Karl Marx

Casi en cada reunión de cultura celebramos la diversidad, la multiplicidad de voces, de colectivos, de comunidades, de personalidades. Pero, al terminar, quedamos casi en las mismas: sin acuerdos, sin sentirnos plenamente escuchados y representados. No podría ser de otra manera cuando llevamos décadas en reuniones, celebraciones que quedan en lo mismo: una incapacidad de escuchar y de enfrentar problemas añejos de las instituciones culturales.

En la política cultural identificamos los tiempos de consulta —épocas electorales—, que son completamente ajenos a los del ejercicio del poder; sin embargo, es posible hacer realidad algo de lo que se ha prometido con la Cuarta Transformación, en una especie de Nuevo Amanecer, después de la Noche Oscura del sexenio que está terminando.

Noche Oscura de la cultura, ya que en este sexenio las instituciones del ramo se han descapitalizado en términos reales en un 60 por ciento; la producción no colapsa gracias a la pauperización del trabajo cultural: miles de trabajadores viven bajo un régimen en que se violan sus derechos laborales y culturales con la absoluta indiferencia de las autoridades en turno; se creó una secretaría sin facultades precisas, en la que sus autoridades se rehúsan a establecer una política fundada en los derechos de los trabajadores, artistas, artesanos, públicos, críticos y especialistas.

La burocracia que ha formado parte de la administración tovarista no entendió la Ley de Cultura y Derechos Culturales como un instrumento fundamental en la construcción de políticas de Estado, porque prefirieron administrar privilegios para los grupos de poder y élites.

Es imposible un proceso de renovación, de transformación cultural, si se ignora todo lo construido después del renacimiento vasconcelista: SEP, INAH, INBA, la Secretaría de Cultura con sus unidades responsables, institutos, redes de museos, casas de cultura y medios de comunicación culturales, en las 32 entidades federativas, todo por un retorno ciego al vasconcelismo. Sin duda, la figura de José Vasconcelos inspira y nos conduce a tiempos de renovación y transformación, y aún podemos aprender mucho de su gestión, de sus ideas; pero las misiones culturales son invocadas casi como solución mágica, por lo que sería absurdo omitir todo lo hecho desde las primeras misiones culturales en 1923, hasta lo logrado en el sexenio inmediato anterior, para lo cual es fundamental tomar en cuenta instrumentos fundamentales para evaluar las políticas culturales como son los indicadores de gestión que lleva el Inegi, los diferentes instrumentos que se han desarrollado con instituciones académicas y culturales, nacionales e internacionales, como las encuestas de consumo. No podemos quedarnos con la romántica idea de llevar las misiones culturales sin siquiera evaluar cómo adaptarlas a las circunstancias actuales, con lo construido; con los recursos públicos invertidos en formación de talentos, en capacitación de profesionales de la cultura, que exigen equidad en el reconocimiento y remuneración de su trabajo.

Hemos padecido seis años de descapitalización y pérdida de funciones y facultades de nuestras instituciones de cultura. La secretaría ha quedado a la deriva con una Ley General de Cultura y Derechos Culturales que fue mutilada en varios de sus aspectos medulares; con museos e instituciones de servicio que dependen de la explotación de los trabajadores del capítulo 3000, ante los cuales, las autoridades han mostrado solo indiferencia.

Hay necesidad de un verdadero relevo en el equipo que ha de conducir nuestra política cultural: un Amanecer Cultural que requiere formar nuevos cuadros profesionales en el servicio público, que entienda las condiciones de existencia y relaciones recíprocas de los trabajadores y de las instituciones del ramo.

La renovación se encuentra en un dilema porque la próxima secretaria de Cultura, Alejandra Frausto, ha formado parte del equipo tovarista y tiene amplias afinidades con el equipo saliente. Sin embargo, sería lamentable la ratificación sin más de éste, que no solo suena a gatopardismo: parecería la prolongación de la Noche Oscura de la cultura, la Noche de la Ambigüedad, en la que todos los funcionarios son pardos.
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  Asesor parlamentario en la Asamblea Legislativa de Ciudad de México.

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