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Sábado , 20.10.2018 / 21:33 Hoy

Técnica mixta

Historias del Norte: Retablos de Parras

Arturo Camacho

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Las ofrendas o votos de agradecimiento son tan antiguas como la civilización. Muestran el agradecimiento a la divinidad por un favor recibido; para el mundo católico tienen su origen en la edad media, cuando al regreso de los cruzados, ejércitos que defendieron Jerusalén de los "infieles", en agradecimiento por haberles salvado la vida comenzaron a entregar a los santos pequeñas pinturas así como figuras humanas o partes del cuerpo labradas en oro y plata.

En México el más antiguo que se tiene registrado data del siglo XVII y está dedicado a la Virgen de Zapopan; su uso se comenzó a generalizar en el siglo XVIII, en los santuarios de Guadalupe y San Juan de los Lagos.

En muchas de las regiones de México se tienen santuarios devocionales en donde los votos de agradecimiento constituyen además de ejemplos de cultura popular documentos para historia social. Es en este contexto que el Santo Madero que se venera en el primer centro vinícola de México: Parras, Coahuila, se convierte en el referente devocional para esta región del norte mexicano, devoción que se extiende a Tamaulipas y la franja fronteriza, como se narra en muchas de las historias consignadas en los exvotos dedicados al santo Madero de Parras.

El culto a la cruz de madera que se venera en un peñasco cercano a Parras, tiene su origen en los difíciles años de la guerra de intervención norteamericana, hacia 1846, y el voto de agradecimiento más antiguo está fechado en 1876; la curadora Ana Isabel Pérez Gavilán, organizó la exposición en 13 núcleos temáticos integrada por 106 piezas producidas entre 1876 al 2006, las técnicas varían desde las tradicionales pinturas en lámina, fotografía, bordado, acuarelas, mecanografía y las más recientes que se registran como "intervenciones", esto es añadir un testimonio de agradecimiento a un retablo; justo en estas características radica la riqueza de esta muestra de Cultura popular, tal como lo advierte la curadora no hay que buscar cualidades artísticas; su valor principal está en mostrarnos una evolución de este objeto devocional en un periodo de más de cien años, no obstante la advertencia es posible observar la mano de artista en la representación que se hace del peñasco que raya en la fantasía por su colores y soluciones formales.

Estas pequeñas obras sin duda constituyen documentos para la historia social de México, del porfiriato al siglo XXI; hay que atender los motivos de los primeros años en donde se agradecía por haberse curado de erisipela, accidentes en el campo, tos o espanto; motivos que para el siglo XX serán por choques con el vocho de la familia, o los que nos hablan de una historia exclusiva como región fronteriza con los Estados Unidos, que atestiguan la participación en la Segunda uerra de sus habitantes como se muestra en los que agradecen el regreso con vida del conflicto o por beneficios de la emigración; entre los males del siglo XX también se cuenta el de niño que se comió una moneda y la arrojo varias semanas después con la invocación al Santo Madero; no deja de ser significativo que el exvoto más reciente, fechado en 2006, sea el de un niño que le daba miedo comer alimento sólido y gracias Santo madero recupera su apetito por lo que dejan testimonio sus abuelos acompañado de una fotografía del niño disfrazado de Superman.

La exposición se presenta en las galerías del Ex Convento del Carmen, que finalmente ha vuelto a recuperar su misión original de acercar al público a las artes visuales y no desorientarlo con montones de ladrillos, bordados y demás bisutería que se expuso hasta meses recientes.

barondemalta@gmail.com

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