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Sábado , 23.06.2018 / 11:54 Hoy

Perfil Mexiquense

Violencia en la UNAM

Armando Ríos Ruiz

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El rector de la UNAM, Enrique Graue, ha insistido en que ni la policía ni el Ejército deben intervenir en la UNAM, para investigar y realizar detenciones de narcomenudistas que operan adentro y que a su juicio, se trata de un mal que tiene por lo menos 50 años.

En esta acción no podrían descartarse enfrentamientos, toda vez que los delincuentes de dos bandos que pelean el territorio, la distribución y las ganancias, estarían dispuestos a no dejarse arredrar y seguramente responderían en la medida en que la autoridad realizara su trabajo.

Si las operaciones de los narcotraficantes tienen tantos años, ¿por qué las han dejado crecer y no se ha emitido una palabra respecto al peligro que representan, lo mismo para los estudiantes que para quienes ahí trabajan?

A partir de que las actividades del narcotráfico crecieron sin control en todo el territorio nacional y proliferaron en la provincia, otrora apacible, con ofertas de quietud reparadora, porque era ideal para el descanso, también comenzaron a experimentarse mejores condiciones de vida en la capital.

Anteriormente se decía que en la Ciudad de México eran tan experimentados los ladrones, que "te quitan los calcetines sin quitarte los zapatos" y se convirtió en un lugar mejor para vivir.

Durante este sexenio, Miguel Ángel Mancera, jefe de gobierno, ha presumido de la mayor seguridad en el territorio a su cargo y hasta ha sostenido que ni siquiera hay cárceles de la droga.

Sin embargo, la gente ha registrado un aumento significativo de los índices delictivos, aunque se pretenda tapar el sol con un dedo.

La capital se ha tornado violenta como otros lugares del país.

Cárteles como el de Tepito, de Tláhuac y otros, no sólo existen, sino que han incrementado su actividad.

Dicen que para acabar con un mal, primero hay que aceptar que se padece.

En virtud de que se esgrime esa supuesta seguridad que nadie se traga, no se hace nada para mejorarla. El rector Graue debería reconsiderar y permitir el paso a uniformados capacitados. Su policía no sirve para eso.

Pese a todo, es la única y mejor medida. La llevada y traída autonomía nada tiene que ver. Es otra cosa y jamás se vería afectada.

Mientras sólo se permitan las detenciones en los alrededores, el mal continuará adentro. La acción debe concretarse en la raíz, ubicada en algún lugar de Coyoacán, que la policía conoce porque lo conoce, y dentro del inmenso recinto universitario.


ariosruiz@gmail.com

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