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Jueves , 13.12.2018 / 22:38 Hoy

Perfil Mexiquense

Promesas

Armando Ríos Ruiz

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El domingo en la noche, después de los comicios en los que resultó electo triunfador Andrés Manuel López Obrador, tras una jornada abrumadora en votos a su favor, leyó un discurso conciliatorio, con algunas promesas que contenían bondades, como gobernar para todos por igual, pero preferentemente para los pobres, de quienes todos los gobiernos mexicanos, desde el de Porfirio Díaz, se olvidaron por completo.
Para los pobres, una embarrada de limosna. Los programas sociales no han representado más que una miseria anunciada con bombo y platillo por todos los responsables, que han utilizado el cargo sólo para enriquecerse, para hacer trampas y agenciarse lo más que se puede y para coadyuvar con quienes están más arriba, exactamente en ese mismo tenor.
Durante este sexenio no bastaron las casas blancas, Odebrecht y otros escándalos, para frenar la ola de corrupción que salpicó a todos los incrustados en el poder de inmundicia. Fueron por más, sin importar poner en riesgo el futuro de su partido y de su candidato; quienes se convirtieron sólo en un trámite burocrático que habría que llenar, llegado el momento.
El hartazgo fue brutal. No había prácticamente mexicano que no repudiara con toda la fuerza de su inteligencia, al gobernante en turno y al PRI. Pocos fueron los capaces de aceptar que el mejor preparado, el más inteligente, el más experimentado de los candidatos fue José Antonio Meade. Pero resultaba una afrenta pensar en darle el voto. Era como dárselo nuevamente a Peña Nieto.
Con el tabasqueño ya experimentamos una buena dosis de su forma de gobernar, cuando fungió como jefe de Gobierno de la Ciudad de México. Entonces dio muestras de su intolerancia y de arrogarse la ley como si no existiera un orden jurídico y cada quien pudiera inventarlo a capricho, o simplemente desdeñarlo por afectar sus intereses. Un acto de esta naturaleza dio paso a un pleito entre él y el Presidente en turno, Vicente Fox, uno de los peores de la historia.
La alharaca en contra de AMLO fue desmedida como estúpida e inservible. La ley no se aplicó y se transformó en una poderosa fábrica de alas para el tabasqueño, que aprovechó para emprender el vuelo que hoy lo ha llevado a las alturas del pico más alto y a su sueño.
Ojalá y quienes convergimos en ideas estemos equivocados y con el paso del tiempo, no veamos una transformación, en la que nuestra Constitución comience a ser reformada para mal.

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