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Sábado , 22.09.2018 / 04:35 Hoy

Perfil Mexiquense

La airada Nestora

Armando Ríos Ruiz

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Una conferencia de prensa, una denuncia en contra de José Antonio Meade, candidato a la Presidencia de México, una airada exigencia de disculpa pública del último y su renuncia a la candidatura, trajo consecuencias graves a Nestora Salgado, acusada de utilizar su comandancia de policía comunitaria en Guerrero, para encerrar a víctimas de secuestro.

Todas esas actitudes derivaron del recordatorio que hizo el aspirante a Andrés Manuel, durante el último debate, de cobijar a delincuentes y proponerlos para senadores plurinominales, aun cuando la Constitución lo impide por dos razones: tener doble nacionalidad y estar sujetos a proceso judicial.

Aun cuando Lorenzo Córdoba, presidente del INE, inclinado pejista, asegura que no encontró ningún impedimento para registrarla candidata a una curul en el Senado. Sólo le falta encontrarle cualidades de legisladora, inclusive con la notoria ausencia de currículum político y escolar.

El ex gobernador interino de Guerrero, Rogelio Ortega, a quien del cielo le cayeron las hojas para enriquecerse (su vida dio un giro impresionante hacia la abundancia), presentó una iniciativa de amnistía al Congreso local, más que nada, para limpiar de cargos a Nestora. Por su parte, un grupo de intelectuales también la exoneró sin ninguna investigación.

Como Nicolás Maduro, quien escucha la voz de Hugo Chávez a través de los pajaritos, el candidato de Morena también escucha la voz de Dios (no sabemos a través de qué animal). Le dijo que la señora no es culpable de nada. Y para escarmiento de acusadores y víctimas, no sólo la exonera, sino que la incorpora a su séquito y la hace candidata.

La alharaca hecha por Nestora y un grupo de seguidores trajo como consecuencia que el Tribunal Superior de Justicia de Guerrero reabriera seis procesos penales por diversos delitos, en contra de una cincuentena de personas, cuando se erigió como comandante de la policía rural en su natal Olinalá.

Su actitud provocó también que algunas víctimas volvieran a recordar su estancia en la cárcel de tablas maloliente, en donde se encontraban hacinados y recibían una cantidad raquítica de comida y algo de agua, necesaria para que no murieran de sed

Falta saber la determinación de los juzgadores, que podría desembocar, no sólo en la pérdida de la candidatura, sino en volverla al encierro. Pero aquí todo se puede. Hasta llegar al Senado con cuentas pendientes con la justicia.

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