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Sábado , 22.09.2018 / 20:57 Hoy

*GOBERNADOR CONDENA

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A finales de diciembre, fue asesinado Arturo Gómez Pérez, presidente municipal de Petatlán, Guerrero, uno de los municipios más violentos de la entidad.

Sin ninguna preocupación, el gobernador Héctor Astudillo condenó el crimen. "El Gobernador Condena el Asesinato", publicó un diario local.

¡Listo!

El mandatario cumplió con lo que tenía que cumplir: condenar.

No tiene más recursos en la cabeza que condenar.

Seguramente pasarán los días, las semanas, los meses, los años... y el crimen, igual que todos los que se cometen en el estado del sur, continuará impune.

A dos años de haber tomado posesión, no ha podido imaginar dispositivos de seguridad en un estado muy violento, cierto, pero en el que se puede hacer algo para aminorar la creciente ola delictiva.

Seguramente es posible solicitar a la federación la presencia de elementos de las fuerzas armadas, equipadas con dispositivos efectivos, que de hecho existen.

En Michoacán, las hordas de delincuentes fueron menguadas con el continuo combate de los soldados.

¿Por qué en Guerrero no se ejercitan acciones similares?

Si el gobernador ya tuvo el valor de solicitar operaciones de ese tipo y las han negado, ¿entonces por qué no denunciarlo?

La población se siente abandonada a su suerte.

Y lo está.

Antes de llegar a Petatlán, hay un lugar que se llama Papanoa, pegado al mar y a la carretera Acapulco-Zihuatanejo.

Antes de que el Presidente Calderón declarara la guerra al narcotráfico tenía unos 10 mil habitantes. Ahora hay menos de cuatro mil.

Repetidamente se suscitan aquí balaceras que acarrean bajas. Mucha gente ha decidido abandonar sus casas, por temor al alcance de balas perdidas o al deporte del tiro al blanco.

Días antes del asesinato del alcalde, Papanoa fue escenario de otro tiroteo, porque, según se supo, asesinaron a un cabecilla.

El lugar está a cuatro kilómetros de una caseta de policía que sólo sirve para alojar a malosos que allí se refugian cuando los persiguen y no hay peligro de que los descubran.

De otra manera no se les permite, por el inminente riesgo de morir, pues los delincuentes no respetan absolutamente a nadie.

Horas después del asesinato del alcalde de Petatlán, también asesinaron al aspirante a la alcaldía de Atoyac, a 155 kilómetros.

El gobernador debe haber condenado, pues esta actitud se ha convertido en algo así como suplir satisfactoriamente con familiares de las víctimas, la acción de gobernar.


ariosruiz@yahoo.com.mx

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