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Perfil Mexiquense

Encuestitis

Armando Ríos Ruiz

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A estas alturas, una cantidad enorme de mexicanos sabe con cuántos consultados se hacen las encuestas presidenciales, sobre un padrón de aproximadamente 90 millones de votantes que hoy existen. Sabe también que las empresas que le dan a AMLO 52 por ciento, deben estar más que vendidas. Sabe que éstas sólo las cree el aspirante y sus corifeos, que son muchos, desde luego.

Una cantidad muy alta de mexicanos sabe que efectivamente, el tabasqueño es el puntero y que, aunque algunos encuestadores se han empeñado en vociferar que a unos cuantos días de los comicios, o del primero de julio está en la cima, Pepe Meade podría dar una sorpresa, si logra convencer a un núcleo importante de la población que aún no ha decidido por quién votar.

Los mexicanos saben que muchas encuestas de esas empresas que se han multiplicado porque son un gran negocio, no dicen nada, absolutamente nada, porque se realizan en un universo exageradamente pequeño de la población, que nada tiene que ver con la aproximación a la verdad.

Se realizan a modo, o a satisfacción del que las paga. Las preguntas se efectúan en un foco de unas mil personas. Algunas negociaciones las hacen sobre un número más elevado y otras sobre un número menor. En algunos estados o en la mayoría, los encuestados llegan apenas a 10. ¿Podría esto dar una proximidad a la verdad? Claro que no y menos en la cantidad que ahora manejan a favor del “Mesías de Macuspana”.

Está arriba. Es cierto y las empresas que hacen esos conteos lo saben, pero como con dinero baila el perro, pues aprovechan para decir que el de Morena está en el cielo y que ya nadie tiene nada qué hacer.

Si yo, sin siquiera ser candidato, solicito una encuesta que me ponga en los

mismos cuernos de la luna, pues la pago y aparezco como el favorito de nuestro México lindo y hasta de otros planetas. Es como el que escribe un libro con sólo su nombre en todas las cuartillas, que acude con el dueño de una imprenta a que se lo imprima y le cobra lo que tiene que cobrar por ello.

AMLO sabe a ciencia cierta que aún no las tiene todas consigo. Por eso tiene que pagar a los encuestadores y a otros inducidores de opinión, para hacer ver que está tan alto que es inalcanzable, porque esto desalienta a los indecisos. Dice que otros están preocupados, cuando él lo está. Obviamente, está obligado a presentarse risueño y confiado.

Insistimos: puede haber una sorpresa. Si se da, la llamarán FRAUDE.

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