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Domingo , 19.08.2018 / 21:13 Hoy

Perfil Mexiquense

El debate

Armando Ríos Ruiz

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A principio de la semana, el periodista Carlos Loret de Mola realizó un debate entre los principales partidos, que se convirtió en una competencia de acusaciones sobre quién es más corrupto y en una discusión entre los representantes del PAN y del PRI, que no aportó nada nuevo.

Muchos ciudadanos opinaron al respecto, que resulta ocioso un debate entre partidos, a los que cada día, más mexicanos rechazan y consideran un lastre. Dichas organizaciones se han convertido en empresas en donde se negocia de todo, desde el presupuesto hasta la venta de puestos electorales, las posturas plurinominales y el dedazo para asignar candidaturas.

Se exhibieron cartulinas con información de porcentajes sobre diversos temas, cuando la realidad es la que palpan los habitantes de este país. Enrique Ochoa se esforzó por demostrar una verdad muy suya, de la que es muy posible que ni él mismo esté convencido. Se entiende que su tarea consiste en demostrar que es la absoluta.

Cualquier mexicano diría mentiroso a quien asegure que, gracias a la reforma energética, bajó el precio de la luz. Le diría lo mismo a quien asevere que México está bien, que los índices de inseguridad han descendido y que la corrupción es un mito. Los mismos priistas en las cámaras han sido los primeros en oponerse a una ley que verdaderamente controle sus actos.

Son los priistas los que han mostrado un interés inusitado por desvirtuar la intención de quienes proponen leyes que obliguen a los políticos a hacer públicos los bienes con que cuenta cuando inicia un cargo público y a volver a hacerlo cuando lo deja, aunque lo panistas no cantan mal las rancheras.

El debate debió ser en el mismo sentido en el que finamente se convirtió. ¿Quién es más corrupto o cuál de ellos ha cometido más actos de corrupción? Entonces sí que salgan a relucir las cartulinas, que formarían todo un catálogo de acusaciones que no terminarían de decirse en el lapso que dura un debate como el que vimos. Y es obvio que el PRI se llevaría las palmas, sólo porque ha ejercido el poder durante más años.

Es solamente cuestión de años. Si cualquiera otro partido hubiera estado en lugar del PRI, hubiera hecho lo mismo. La ciudadanía piensa bien: los partidos ya están rebasados y ya hartaron. Su presencia ya ofende. Habrá que pensar en un nuevo modelo político más efectivo. Por lo pronto, habría que pensar más seriamente en las candidaturas independientes.

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