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Lunes , 24.09.2018 / 01:04 Hoy

De política y cosas peores

2014-12-20

Armando "Catón" Fuentes Aguirre

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A la salida del catecismo Juanito le preguntó a Pepito: “Y tú ¿crees en el diablo?”. “La verdad no sé qué pensar -respondió él-. Crees en el diablo y luego te sucede lo que con Santa Claus, que es tu papá”... Una gallinita se quejaba: “¡Qué ventarrón! ¡Ya van tres veces que se me regresa el huevo!”... En el sepelio de su marido lloraba la viuda, inconsolable. “¡Hay, Ultimio! -decía entre sollozos-. ¡Qué hueco tan grande y tan hondo dejas!”. Se le acercó Astatrasio Garrajarra, el borrachín del pueblo, y le dijo: “Perdone la intromisión, señora, pero no deje que el dolor la lleve a revelar intimidades”. Le preguntó una amiga a la esposa de don Languidio Pitocáido: “¿Qué te gusta más: la Navidad o hacer el amor con tu marido?”. “Me gusta más la Navidad -respondió ella-. Sucede con mayor frecuencia”... Don Algón reprendió a uno de sus empleados, pues ese día llegó tarde al trabajo. “¿Qué horas son éstas de venir, Ovonio?” -le preguntó con acento de severidad. “Perdone, jefe -respondió el tal Ovonio-. La verdad es que me quedé dormido”. “¿Cómo? -exclamó don Algón muy asombrado-. ¿También en tu casa duermes?”. La linda Susiflor pidió en una fiesta: “No me sirvan ni una copa más”. “¿Por qué?” -le preguntó con extrañeza el anfitrión. Explicó ella, vacilante: “Porque estoy en peligro. Me siento erótica, libidinosa y concupiscente, y si ya casi no puedo pronunciar esas palabras al rato voy a caer en la tentación que nombran”. Doña Jodoncia, tremenda señora, despertó muy asustada. Le dijo a su marido: “Acabo de tener una horrible pesadilla, Martiriano. Soñé que había muerto, y me veía en el otro mundo”. Le preguntó tímidamente el señor: “¿Y qué fue lo que te despertó, querida? ¿El calor?’’... El amigo del recién casado relató: “No hace ni dos semanas que se casó Novilio, y ya está metido en líos con otra mujer”. “¿Cómo es posible? -se sorprendió el otro-. ¿Una amante?”. “No, -precisó el primero-. Su suegra”. Compadezcamos a aquel puerco espín corto de vista Estuvo 20 años haciéndole el amor a una biznaga... Se ha iniciado una especie de campaña en las redes sociales en la cual se sugiere a quienes leen los mensajes que no acudan a votar en las elecciones del próximo año. Esa sería, dicen los remitentes, una forma de protestar contra la corrupción, la inseguridad, los crímenes tremendos que hemos visto y los abusos e ineptitudes de los gobernantes. No creo que esa forma de protesta beneficie a México. Por el contrario, pienso que el abstencionismo de los ciudadanos favorece a quienes detentan el poder. En circunstancias como las actuales lo que los gobernantes esperan es precisamente eso: que la gente no vaya a votar. El voto, en efecto, ofrece la posibilidad de castigar a un mal gobierno. Si los ciudadanos se abstienen de ejercer su derecho al voto, pierden también la posibilidad de manifestar su opinión. En la democracia se cometen errores, ciertamente, pero esos errores se pueden corregir con más democracia. Y uno de los modos más directos de ejercicio democrático es el acto de votar. Abstenerse de hacerlo es dar la espalda a la política y dejarla en manos de los políticos. El voto es un arma poderosa. Hacer renuncia de ella es renunciar a la tarea de mejorar nuestra vida pública. El escritor de ciencia ficción le preguntó en la fiesta a doña Panoplia de Altopedo: “¿Qué historias le parecen las más fantásticas, señora?”. Respondió ella: “Las que me cuenta mi marido cada vez que llega tarde a casa”. La señorita Peripalda, catequista, le dijo a Rosilita en la clase de catecismo: “Supongamos que un hombre está golpeando a un burro, y yo impido que lo siga golpeando. ¿Qué virtud estaría practicando?”. Respondió tímidamente la pequeña: “¿Amor fraterno?”. En una isla desierta vivían seis marinos procedentes de un naufragio. Uno de ellos era alto y musculoso; los otros eran de pequeña estatura, enclenques y escuchimizados. Cada mañana el fortachón les preguntaba con siniestra sonrisa: “A ver, muchachos ¿A cuál de ustedes le toca hoy ser Reina por un Día?”. El padre de Pepito le informó que su mamá acababa de dar a luz unos preciosos gemelitos. “¡Ah, traviesos! -dijo Pepito al tiempo que le picaba la panza a su papá-. ¡Entonces no nada más lo hicieron una vez!”... FIN.

MIRADOR

Mi esposa hace en Navidad los mejores buñuelos de este mundo y los otros. Si en el Cielo hay buñuelos, un jurado imparcial tendría que darles el segundo lugar a esos buñuelos celestiales.

Este año, sin embargo, ella me acompañó en uno de esos viajes que yo llamo “de trabajo” y ella “de farándula”. Para que hubiera buñuelos el primer día de posadas mi esposa se los encargó a doña Chencha, que vive en Arteaga, hermoso pueblo mágica situado a unos cuantos kilómetros de mi ciudad, Saltillo. La buena señora haría los buñuelos en nuestra casa. La cita era a las 8 de la mañana. A las 7 y media doña Chencha -que tiene 80 años- estaba ahí, lista para hacer su trabajo.

Comí luego sus buñuelos, y los del Cielo pasaron automáticamente al tercer lugar. Le dije:

-Doña Chencha: tendrá que venir usted a hacer otros buñuelos para el Año Nuevo.

Y ella me respondió al tiempo que se terciaba el chal con la elegante modestia que tienen las señoras arteaguenses:

-Si le gusta lo malo...

¡Hasta mañana!...

MANGANITAS

“. Se acerca el fin del año.”.

En verdad no faltará

quien, al mirar tanto daño

que hemos visto este año,

pida que termine ya.

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