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Sábado , 22.09.2018 / 08:19 Hoy

Ciencia, educación y ambiente

Un árbol muy versátil

Arlette López

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La naturaleza en sus múltiples manifestaciones ofrece la posibilidad que con nuestra imaginación y creencias demos diversos simbolismos a la biodiversidad. En el caso de los árboles esta circunstancia se presenta con mucha frecuencia.

Los celtas consideraban que los primeros seres humanos provenían del sauce llorón, e incluso se le atribuye a éste árbol el símbolo de sabiduría y experiencia y por su forma se asocia también a la muerte y la tristeza, no así el sauce blanco que se asocia a la relajación y la castidad.

En algunos pueblos se tienen árboles con simbolismos que forman parte de la cultura de esas comunidades como el ahuehuete en Oaxaca o la Ceiba árbol sagrado de los mayas ambos en México, el espino en Inglaterra, la acacia en el antiguo Egipto, el sándalo en el oriente.

Sin embargo más allá de los simbolismos, retomemos un árbol muy especial que es el sauce,cuya corteza era utilizada desde tiempos remotos para aliviar el dolor, calmar la fiebre, curar enfermedades digestivas, y hasta evitar la caída del cabello y la caspa.

En China se utilizaba desde hace más de 2500 años para disminuir la fiebre y eliminar el dolor, e incluso el griego Discórides lo aconsejó para el tratamiento de los artríticos.

Con tanto beneficio el sauce representaba un enigma para los científicos del siglo XVIII tan interesados en conocer más del mundo que les rodeaba y de las propiedades de las plantas que reportaban algún efecto positivo en la salud de los seres humanos de la época. Así fue que el químico Charles Frédéric Gerhardt originario de Estrasburgo, logró en el año 1853 sintetizar la molécula que quitaba el dolor y la fiebre a los enfermos logrando aislar el ácido acetilsalicílico que se encontraba en la corteza del sauce blanco.

Sin embargo como suele suceder, no tuvo el reconocimiento a éste avance científico ni se le dio la importancia que merecía. Fue 44 años después que otro químico ahora alemán Felix Hoffman, quien trabajaba para la compañía Bayer y buscaba un medicamento para aliviar los dolores reumáticos de su padre, se remitió a los trabajos de investigación realizados previamente sobre la corteza del sauce.

Así con la fórmula ya identificada industrializó el fármaco y salió al mercado auspiciado por la compañía Bayer la primera aspirina cuyo nombre incluye a la familia de la que procede y el proceso que deriva en el ya conocido ácido acetilsalicílico.

La aspirina es parte de nuestra vida cotidiana por sus grandes beneficios al bienestar, incluso ya viajó a la luna en el botiquín del Apolo XI en 1969. La aspirina es otro de los grandes beneficios que la madre naturaleza nos brinda y que mejoran nuestra calidad de vida.

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