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Viernes , 25.05.2018 / 21:39 Hoy

Ciencia, educación y ambiente

Taxonomía y derechos

Arlette López

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Conocer e identificar a las diferentes especies que habitan en nuestro planeta ha sido una actividad que es tan antigua como la humanidad.

Si buscamos en la historia de la taxonomía encontraremos casos tan interesantes y que ahora nos parecerán equivocados pero que durante muchos siglos fueron la creencia más aceptada e impartida en los centros educativos, como el considerar a los rinocerontes como roedores, o incorporar en el mismo grupo de animales a todos los que tenían alas mezclando insectos con aves, o las enseñanzas de Aristóteles que dividió a los animales de acuerdo al lugar donde vivían como terrestres, marinos y aéreos.

En este interés también se llegaron a clasificar las plantas por la estructura de sus semillas o por sus hábitos de crecimiento e incluso durante casi 2000 años se pensó que las esponjas marinas eran plantas cuándo realmente pertenecen al reino animal situación que se descubrió cuándo se observó con detenimiento y con más conocimientos sobre la biodiversidad, el movimiento de las corrientes de agua en las esponjas.

La clasificación nos ha permitido comprender más el entorno que nos rodea y reconocer la riqueza y la diversidad de la naturaleza.

Sin embargo en el caso de la raza humana, la situación cambia, pues la clasificación partió de la apariencia física, luego el color de piel, y posteriormente siguieron diversas consideraciones que permitieron justificar el esclavismo, la segregación o las llamadas limpiezas étnicas con una gran cantidad de personas que perdieron la vida ante argumentos de inferioridad.

También estas aparentes diferencias raciales llevan a considerar la capacidad intelectual e incluso la posibilidad de que las personas carezcan o no de alma y sentimientos, como sucedió durante la conquista del México prehispánico que fue necesaria una bula Papal que publico el Papa Paulo III en 1537 en la que prohíbe la esclavización de los indios argumentando su racionalidad y defendiendo sus derechos.

En el fondo según varios historiadores se exageró la incapacidad de los indios, su infantilismo, y desde luego su barbarie para justificar el uso de la mano de obra, su explotación y el paternalismo de los misioneros.

Con éste preámbulo quisiera invitar a una reflexión sobre una noticia que en días pasados el 21 de mayo para ser más preciso se dio a conocer, la opinión de científicos árabes sobre el contundente hecho de que las mujeres son mamíferos pero no humanos.

El reconocer que son mamíferos les otorga derechos, situación que antes las mujeres no tenían en ése país ya que eran consideradas cosas, y aún con este reconocimiento se sigue sosteniendo que las mujeres carecen de alma.

Por lo visto el interés por la clasificación no es sólo científico sino también media el ejercicio del poder, el abuso de un ser humano sobre el otro, la falta de respeto y reconocimiento a la diversidad y a las múltiples capacidades que están finalmente en el cerebro y no en la apariencia física ni en el género.

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