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Miércoles , 12.12.2018 / 13:33 Hoy

Ciencia, educación y ambiente

OSOS Y EMOCIONES

Arlette López

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Se avecina ya la temporada navideña, y con mucha antelación encontramos motivos alusivos tanto para adornar múltiples espacios, como para obsequiar. 

Entre esferas, renos, santas, árboles de navidad etc. no puede faltar una figura cotidiana e indispensable que es el osito de peluche, al que colocándole un moño de acuerdo a la ocasión puede ser un hermoso y versátil regalo. 

Este apreciado objeto tanto por niños como adultos tiene su origen en un acto de consideración a la vida animal del entonces presidente de los Estados Unidos en la primera década del siglo XX Theodore (Teddy) Roosevelt. 

Dicen las referencias que se negó a dispararle a un oso y al conocerse este hecho un comerciante Morris Michtom creo un oso de peluche que llamó Teddy. Los ositos fueron muy requeridos y pronto invadieron el mercado a nivel mundial. 

El encanto de los ositos de peluche también lo tienen los osos reales, pues alimentan la imaginación y despiertan múltiples emociones como sucede con el oso panda el que siendo originario de China empezó a conocerse en Europa y Estados Unidos a fines del siglo XIX. 

Desde esa época un panda gigante que se exhibió en el zoológico de Brookfield en Chicago tuvo más de 53 000 visitantes, una cifra exorbitante para un animal exótico. 

Y en fechas recientes un bebe panda que nació en el Zoológico Nacional de Washington tuvo casi 14 millones de espectadores antes de cumplir seis meses. 

El motivo de este gusto por los osos que además cuentan con una presencia tierna e inocente tiene una explicación científica, pues según los psicólogos la ternura del rostro, y el comportamiento similar a un bebé que tienen los osos, estimula la producción de una hormona que se relaciona con los lazos afectivos, la oxitocina que se secreta por el hipotálamo, y a la que incluso coloquialmente se dice que es la “sustancia responsable del amor” Lo que sí es real es que los niveles de esta hormona aumentan en el cuerpo cuando se reconocen caras familiares, o en situaciones relacionadas con el apego y la cercanía afectiva. 

Los lazos que a veces establecemos con osos de peluche son tan fuertes que pueden acompañarnos toda la vida como un entrañable recuerdo o conservándolos y despertar al abrazarlos calma, serenidad, confianza como les sucede a muchos pequeños y mayores. 

Un oso de peluche es un buen regalo y una presencia sutil de la biodiversidad hablándole a nuestras emociones.

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