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Ciencia, educación y ambiente

Mascotas y calidad humana

Arlette López

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Hace unos días un extraño suceso se presentó en la ciudad de México al escuchar la noticia que había escapado de una casa un mono capuchino.

La movilización para atraparlo, la cobertura de los medios, la participación de la ciudadanía en el proceso para su captura fue notoria.

A la fecha después de varios días de búsqueda el mono sigue disfrutando de la ciudad esperando que encuentre alimentos o que alguien se los proporcione Cabe entonces la pregunta ¿Qué hace un mono capuchino cuyo hábitat son las selvas tropicales de América Central y Sur, en una gran metrópolis?

Seguramente como muchas otras especies exóticas forma parte de las mascotas que por gusto, curiosidad, status, o muchos otros motivos son trasladados de sus áreas naturales a lugares que no tienen las condiciones para que desarrollen una vida plena y sana.

Si bien las mascotas son una compañía importante e incluso terapéutica no siempre existen las condiciones para que la presencia de los animales en los hogares sea positiva e incluso se les adjudica atributos que definen a su dueño, como sucedía en épocas pasadas con los gatos de color negro que se consideraban espíritus malignos así como algunas aves, y a sus poseedoras brujas.

Al grado que en el año 1604 Jacobo I de Inglaterra emitió una ley que consideraba delito "consultar, pactar, invitar, usar, alimentar o recompensar un espíritu en forma animal bajo ningún concepto"

Estas creencias llegan a nuestros días asociando a las mascotas a la buena suerte como los grillos en Japón, las arañas en Inglaterra pues se consideran que tejedoras de fortunas, a las tortugas, los escarabajos, y otros son de mala suerte por su color o apariencia.

Al margen del simbolismo que la mascota pueda tener hay una natural tendencia a establecer una relación entre humano y animales como una conexión evolutiva según los expertos.

Pero en esta relación debe privilegiarse la tenencia responsable de la mascota que se vuelve absolutamente dependiente de su familia adoptiva y que requiere además condiciones adecuadas para su supervivencia.

Volviendo al caso del mono capuchino éste no es un animal para tenerlo en cautiverio en una casa, como lo puede ser un perro o algún otro tipo de seres vivos, en este caso aplica la aseveración del filósofo Kant quien dice que "Podemos juzgar el corazón de una persona por la forma en que trata a los animales".

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