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Domingo , 23.09.2018 / 06:31 Hoy

Ciencia, educación y ambiente

Con las manos limpias

Arlette López

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“Lávate las manos” es la consabida instrucción que hemos escuchado en diversas ocasiones y a diferentes edades, en beneficio de nuestra salud.
Sin embargo esta sencilla y necesaria actividad causó en Austria en el siglo XIX incomodidad y enojo en la comunidad médica, en particular en las secciones de maternidad, ya que para los médicos el lavarse las manos antes de tocar un paciente era ofensivo a su calidad como profesionales de la salud. Al margen de la muerte después del parto de un alto porcentaje de mujeres, hecho que se atribuía al desequilibrio de los cuatro humores o líquidos de los que creían se componía el cuerpo.
La muerte de tantas mujeres preocupó sobremanera a un médico joven, el Dr. Ignaz Semmelweis, quien ingresaba a trabajar en el Hospicio General de Viena en el año 1846. Él observó que en la sección donde no atendían médicos que habían participado previamente en disección de cadáveres o en operaciones, la mortandad por fiebre puerperal era sensiblemente menor. Así concluyó que era necesario lavarse las manos y desinfectarlas antes de atender a las pacientes. Aplicándolo al área bajo su control, disminuyó la mortandad de 80% a 2%
Los resultados favorables para la salud de las jóvenes madres no lo fueron para el ego y condición social de los médicos del hospital, incluyendo al directivo, quienes ofendidos desecharon estas medidas de higiene, volviendo a elevarse los números de fallecimientos.
Desde luego que al Dr. Semmelweis lo despidieron, empleándose en un hospital más pequeño. Finalmente su interés era salvar la vida de las personas mediante las medidas de higiene que proponía.
Independientemente de que las muertes disminuyeron, se volvió a presentar el boicot a su trabajo. Su vida fue una permanente lucha por difundir las bondades de la limpieza en los hospitales, situación que le llevó a una depresión por este y otros motivos, terminando su vida con una enfermedad mental.
En el año 2013, la UNESCO consideró incluir en el Registro de la Memoria del Mundo la colección de materiales impresos relacionados con el descubrimiento del Dr Semmelweis sobre la antisepsia. En el prólogo de una obra alusiva señala que “la moderna antisepsia nada tuvo que añadir a las reglas que él había prescrito. Sólo tuvo que esperar a que otros dijeran lo mismo que él para que se le hiciera caso” Se le reconoce años después como “el salvador de madres”.

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