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Lunes , 22.10.2018 / 20:43 Hoy

Democracia para erizos

El constitucionalismo local mexicano

Arístides Rodrigo Guerrero García

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En la historia de nuestro país, el constitucionalismo local ha ocupado un papel relevante; ejemplo de ello fue la creación de la figura del juicio de amparo, el cual tiene como antecedente la Constitución de Yucatán de 1841.

No obstante, poco se ha escrito respecto del constitucionalismo local mexicano, de ahí la relevancia de la obra del Dr. Manuel González Oropeza intitulada: Digesto Constitucional Mexicano. Historia Constitucional de la Nación. De Aguascalientes a Zacatecas, 1824-2017.

Dicho libro conforma un muy completo y extenso volumen, en el cual se aborda la historia constitucional de cada una de las treinta y dos entidades federativas –considérese que el libro consta de poco más de mil hojas–, analizando, para ello, la conformación de las mismas, sus documentos base, forma de organización e importancia dentro del constitucionalismo nacional, entre otros aspectos sumamente relevantes.

Ahora bien, el Derecho Constitucional Local –es decir, aquel cuyo objeto de estudio son las constituciones de las entidades federativas– ha tenido cierto auge en los últimos años.

La producción legislativa del mismo ha ido en aumento conforme pasa el tiempo, en razón de los avances que a nivel local han surgido, por ejemplo, en materia de control de la constitucionalidad local, muchas entidades federativas crearon tribunales o salas constitucionales dentro de los Poderes Judiciales locales.

Asimismo, en cuanto al reconocimiento de derechos humanos, ha sido relevante que el catálogo llega incluso a ser más amplio en las Constituciones Locales que en la Constitución federal.

En este tenor, la obra que se menciona resulta ser una fuente obligada para todo aquel estudioso del constitucionalismo, no sólo local, sino general, pues constituye, una pieza clave para poder establecer los lazos existentes entre ambos “constitucionalismos”.

Aunado a ello, la influencia de las constituciones locales, en no pocas ocasiones, ha tenido repercusión en la esfera general, mediante la adopción de figuras de suma relevancia para el país.

Respecto de la obra que se trata, y a manera de ejemplo de lo anteriormente dicho, sirva establecer las siguientes notas:

Respecto de la representación política de Baja California Sur, era en extremo sui generis, toda vez que la misma contaba con un solo diputado ante el Congreso de la Unión, el cual gozaba de voz, pero carecía del derecho de voto (página 72);

En el caso chiapaneco, dicho estado, a pesar de pertenecer a la República Mexicana, encuentra también lazos con Centroamérica. En este sentido, la Capitanía General de Guatemala la incluía como parte de su territorio e, incluso, Chiapas contó con representación propia ante las Cortes de Cádiz. (página 107);

Respecto a la Ciudad de México permearon dos argumentos para evitar darle categoría de entidad federativa: 1) la imposibilidad de coexistencia de los poderes locales con los poderes federales; y 2) la imposibilidad de contar con instituciones iguales a las de los estados, tal como aquella relativa a la administración municipal (páginas 181-182).

Como puede observarse en estos simples ejemplos, la importancia de la obra radica en que con ella se propicia el mejor entendimiento de la estructura político-jurídica de México, así como la relevancia de las instituciones locales en el ámbito federal.

Además de ello, se hace patente la necesidad de estudiar las características intrínsecas de cada entidad, pues ellas, tarde o temprano, han sido tomadas en cuenta para la configuración actual del país.

Sirva este espacio para extender una felicitación al Dr. González Oropeza por esta gran aportación académica, la cual es producto de años de estudio del constitucionalismo local, y con lo que demuestra la importancia de compartir el conocimiento.

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