• Regístrate
Estás leyendo: Tras los leones
Comparte esta noticia
Miércoles , 21.11.2018 / 06:07 Hoy

Analecta de las horas

Tras los leones

Ariel González Jiménez

Publicidad
Publicidad

Nada como seguir los pasos y los lugares que dieron sentido a la vida de nuestros escritores favoritos. Fernando Savater y Sara Torres lo consiguieron hacer, al menos en parte, con un puñado de literatos fundamentales: William Shakespeare, Ramón del Valle Inclán, Edgar Allan Poe, Giacomo Leopardi, Agatha Christie, Alfonso Reyes, Gustave Flaubert y Stefan Zweig, que son los protagonistas de las páginas de Aquí viven leones. Viaje a la guarida de los grandes escritores (Debate, 2016).

El resultado de las travesías de Savater y Torres es un libro espléndido que fue parte de un proyecto amoroso, vital e intelectual que solo quedó truncado por la enfermedad y muerte de ella, pareja del filósofo, con la que por fin aparece en la portada "juntos, como vivimos, trabajamos, luchamos, reímos y lloramos juntos tanto tiempo".

Aquí viven leones es un viaje al centro de la literatura, a espacios, obras y personajes que solo pudieron adquirir forma y sustancia en contextos muy específicos donde se entrelazan la imaginación, el sufrimiento, la geografía, la pasión creativa, la historia y la aventura existencial.

No se trata simplemente de ocho biografías sino de ocho recorridos en los que todo se tomó en cuenta; a pesar de su brevedad, ninguno de estos textos se queda jamás corto a la hora de explicar la esencia de un escritor y de lo que lo llevó a producir las páginas que nos siguen emocionando hasta hoy.

La posteridad ha sido alcanzada por estas fieras literarias apelando a distintas vías —planeadas unas y otras (las más) previstas tan solo por el azar—, luchando alegre o desesperadamente, según el caso, por alcanzar la gloria (e incluso sin saber que era ésta la que alcanzarían). ¿Sabía, por ejemplo, Edgar Allan Poe de su futura trascendencia cuando por momentos no sabía dónde vivir ni con qué medios hacerlo? Claro que no. Quizá ni siquiera era del todo consciente de su aportación a los fundamentos del relato policiaco. "Los crímenes de la calle Morgue", "La carta robada", "El asesinato de Marie Rogêt" o "El escarabajo de oro" eran para él, según nos cuentan los autores, relatos apenas "razonantes", no inauguradores de un género.

El hondo misterio detrás de William Shakespeare no fue suficiente para detener a Savater y Torres en la reconstrucción esencial del autor de Hamlet, y así, su perfil es uno de los más logrados textos de cuantos componen la obra que comentamos. El mundo del teatro inglés en esa época, escuela y entretenimiento de todas las clases sociales; los "años perdidos" que le siguen a su matrimonio; su "afán de riqueza, centrado en invertir en bienes inmobiliarios y en terrenos"; su obra "más enigmática", los sonetos, lo menos popular de su trabajo literario, y no pocas anécdotas que pintan de cuerpo entero al personaje, nada pasa de largo en este ensayo de los autores para presentarnos a un Shakespeare de carne y hueso.

Con la misma solvencia se han acercado a Ramón del Valle-Inclán, quien mucho mintió (divertidamente o con franco humor negro) sobre su vida para estropear o hacer imposible el trabajo de sus biógrafos. Su mayor acierto es reír junto con su personaje y transmitirnos a sus lectores todo el disfrute que produce un genio y un ser humano como él.

Los lectores mexicanos tenemos mucho que agradecer la inclusión en este libro de uno de nuestros autores mayores, Alfonso Reyes, de quien se sigue su trayectoria diplomática y literaria con gran entusiasmo y fidelidad. Su retrato del autor de Visión de Anáhuac es muy riguroso, particularmente en lo que toca a la entrega de don Alfonso a sus labores oficiales y en la generosidad mostrada hacia muchos de los intelectuales y artistas perseguidos en los difíciles y complejos años treinta, "una de las etapas más acerbas de enfrentamientos bélicos, regímenes totalitarios y persecuciones ideológicas".

Mucho de esto le tocaría vivir, dramáticamente, a Stefan Zweig, el gran novelista, biógrafo y amigo de lo más fulgurante de la inteligencia europea. Un hombre que, con su suicidio en Brasil, hizo escribir a André Maurois: "Los hombres de bien deberían meditar sobre la responsabilidad y la vergüenza de una civilización capaz de crear un mundo donde Stefan Zweig no ha podido vivir".

El plan de la obra, según cuenta Fernando Savater, era más extenso ("Hemos tenido que suprimir algunos de los autores proyectados, tan interesantes como H. P. Lovecraft, Isak Dinesen o Emily Dickinson. Parece que ya no habrá oportunidad de hacerlos"). Es una pena para los lectores que Savater haya recibido la publicación de este libro declarando que luego de la muerte de su mujer ya no volverá a publicar ningún otro.

Cabe esperar que sean palabras dichas en medio del luto, porque acaso nada hubiera querido más Sara Torres que Fernando Savater, el filósofo y escritor, su gran compañero, prosiguiera este maravilloso viaje a la guarida de los leones que felizmente nos han marcado con sus garras.

ariel2001@prodigy.net.mx

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.