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Viernes , 25.05.2018 / 21:53 Hoy

Analecta de las horas

El tropiezo de Fleur

Ariel González Jiménez

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Como a todos los funcionarios de primer nivel, de todas las áreas, de todos los gobiernos del mundo, a la ministra de Cultura de Francia, Fleur Pellerin, le gusta —o sabe que es necesario— presentarse periódicamente ante los medios de comunicación. No sé si vaya con mayor o menor gusto que otros a una entrevista o a una rueda de prensa, pero a estas alturas supongo que asume que casi forma parte de su contrato atender a los representantes de los medios.

Responder a la prensa es, en toda sociedad democrática, una suerte de comparecencia pública que permite valorar lo que se hace en el ámbito institucional, explicar los proyectos en los que se invierten los recursos públicos y, en fin, resolver todo cuanto inquieta a la ciudadanía en torno de su labor; eso es justamente (si son profesionales y serios) lo que los medios logran plantear y recoger.

Quién sabe si con ese espíritu o visión de las cosas la Pellerin fue a la televisión, pero el caso es que se instaló ante las cámaras y despreocupadamente (como les pasa a muchos otros funcionarios de todas partes, sin sospechar cuándo va a saltar la liebre) comenzó a hablar de diversos temas. Dueña de sí misma, se sintió cómoda un rato hasta que la conductora le preguntó: “¿Cuál es su libro preferido de Modiano?” (sí, Patrick Modiano, el Premio Nobel de Literatura 2014, francés por todos los costados). La Pellerin palideció, tragó saliva, titubeó y, finalmente, no fue capaz de citar un solo título.

Hay que reconocer que fue honesta o que, midiendo costos, no se atrevió a presumir de la lectura de alguno (lo cual hubiera implicado que lo había leído y, consecuentemente, la posibilidad de que le preguntaran por qué o, peor, que le hicieran una pregunta muy concreta sobre esa obra). Recobrando el aplomo, respondió: “Leo muchas notas (ministeriales), muchos textos de ley, noticias, cables de AFP, pero leo muy poco”, confesó.

Es necesario tener presente que la pregunta de la conductora no fue en modo alguno un golpe bajo, de esos que en el gremio periodístico algunos —con muy poca imaginación y menos escrúpulos— practican para hacer que su entrevistado sufra un tropezón o sea calificado como imbécil inmediatamente por la audiencia. En absoluto. La propia Pellerin ha relatado que recientemente había almorzado con Modiano. Nada más natural, entonces, que la conductora le preguntara más en torno del novelista francés. ¿Y qué pregunta más obvia podía hacerle que la relacionada con su obra? Ninguna otra.

Al salir de la entrevista, el mundo cultural francés —tan hiperbólico, como todos— desfallecía de indignación: ¿cómo es posible que la mismísima ministra de Cultura de Francia (¡ah, la France!) declare no tener mucho tiempo para la literatura y, encima, ser incapaz de mencionar el título de un libro del premio Nobel de Literatura Patrick Modiano, con quien además se jactó de haber almorzado? (¿No habló de libros con Modiano? ¿Ni siquiera de los suyos? ¿De qué conversaron entonces?).

Por supuesto, el ámbito cultural se dividió. Autores como Tahar Ben Jelloun, miembro del jurado que atribuye el premio Goncourt (Modiano recibió este galardón) se escandalizó a fondo: “Es una vergüenza. Es lamentable vivir en una época en que la cultura se trata con desprecio... Siento pena por ella. Una ministra de Cultura debe estar inmersa en la literatura, aunque no sea más que por deber político”. Al buen Ben Jelloun ya le habrán tomado el pelo montones de funcionarios y políticos que andan por ahí presumiendo leer y saber de todo; incluso hay verdaderos pillos que fanfarronean con su “sensibilidad literaria”, y seguro también se sumaron al linchamiento mediático de Pellerin.

Otra opinión, que conozco gracias a las agencias de información, es la de Bernard Pivot, el presidente de la Academia Goncourt, quien con mucha mayor mesura opinó: “No es porque no se haya leído a Modiano que no se es inteligente ni apto para dirigir el ministerio de Cultura”. De esa forma Pivot zanjó la gran cuestión que subyace en este y otros temas: no se necesita haber leído a Modiano para ser ministro de Cultura ni en Francia ni en ningún lugar del mundo.

Sería preferible, claro, que un ministro de Cultura supiera bien a bien con quién se sienta a almorzar, sobre todo si es el Nobel de Literatura, pero desde el punto de vista práctico conocer o no a Modiano no le pone ni le quita nada a su función pública, que es básicamente administrativa, algo que olvidan frecuentemente algunos artistas y creadores.

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