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Sábado , 15.12.2018 / 06:54 Hoy

Desde Sandua

Pedro Sánchez y sus constantes errores culturales

Antonio Rodríguez Jiménez

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Hace meses, cuando Pedro Sánchez hacía campaña para ser secretario general del PSOE de nuevo, muchos miraron con ilusión su talante, su frescura de ideas y vieron en él la renovación de un partido languideciente. Hasta tal punto que a algunos amigos le ilusionó y quisieron afiliarse al partido. Pero una amiga de la vieja guardia habló con algunos de ellos y les dijo que sosegaran el impulso y que esperaran unos meses para ver qué pasaba. Ganó la secretaría y hasta se hizo presidente del Gobierno de España con la ayuda de la izquierda más extraña, IU-Podemos, esa que apoya al golpismo catalán sin miramientos, además de con los propios golpistas y con los vascos. Luego nombró a sus ministros y también dejó a muchos asombrados. Pero, como siempre, como les pasa a todos los gobernantes, pinchó en Cultura al nombrar a Máximo Huerta, que resultó que tuvo hace años un problema con Hacienda y pagó las infracciones correspondientes, pero aquello se convirtió en escándalo y tuvo que dimitir. Me fascinó tanta pulcritud, pero lo más sorprendente es que había más mujeres que hombres en el Gobierno. Todo un logro que superó a la propia paridad. Y lo mejor es que nombró como vicepresidente a la cordobesa Carmen Calvo. Todo marchaba de maravilla hasta que de repente pincha de nuevo. El nombramiento para director del Instituto Cervantes de un miembro de Izquierda Unida dejaba perplejos a todos los periodistas, intelectuales y personas de la cultura. Yo conozco esa institución porque desde que entré en ella por invitación del entonces ministro de Exteriores Miguel Ángel Moratinos, que según me dijo buscaba gestores culturales solventes y jamás me preguntó si yo era o no de su partido, estudié las interioridades de la institución con lupa desde mi ingreso el 1 de enero de 2010, hasta que salí por invitación del PP en 2013, “pues mis ideas no eran acordes con el nuevo Gobierno”, y amé esa institución desde mucho antes de que estuviera en ella y lo seguiré haciendo mientras viva. El Instituto Cervantes representa la cultura española e hispanoamericana en todas sus vertientes. Esos centros son verdaderas embajadas de la idiosincrasia española y no sólo de la lengua castellana sino también de la vasca, gallega y catalana. Y mientras tanto los gobiernos catalanes ignoraban al Instituto Cervantes y creaban oficinas de una región española más, con la ambición de convertirse en embajada, como si eso fuese posible.

Pero aquí lo que ha dolido a miles de socialistas es saber por parte del señor Sánchez que en todo el territorio nacional no hay ni un solo socialista del mundo de la cultura capaz de dirigir tan prestigiosa institución y que ponga a una persona de Izquierda Unida-Podemos, que dicen que tiene mucho mérito como poeta por los premios que ha ganado. Yo como crítico de poesía ni siquiera opino de esa cuestión, pues todo el mundo sabe lo que pienso y puedo demostrar científicamente que un poeta no es mejor por tener muchos premios literarios. En fin, pero se necesitaba un gestor cultural, que en este caso no lo es. Recuerden a directores como Nicolás Sánchez-Albornoz (1991-1996), Santiago de Mora-Figueroa y Williams, Marqués de Tamarón (1996-1999), Fernando Rodríguez Lafuente (1999-2001), Jon Juaristi (2001-2004), César Antonio Molina (2004-2007), Carmen Caffarel (2007-2012), Víctor García de la Concha (2012-2017) y Juan Manuel Bonet (2017-2018). Todos ellos, sin excepción, personas de la cultura y excelentes gestores con experiencia auténtica. Y aquí acaba la historia, pues el recién nombrado en lo que realmente tiene experiencia es en hacer que cientos de premios de poesía los ganen sus amigos y correligionarios. No se puede hablar de corrupción propiamente dicha, pues uno sólo sabe de comentarios y de testigos como José Luis García Martín, que lo escribió en sus diarios, o lo que se dice en el libro de Nieves Martín, Descubrir lo que se sabe, o las opiniones de la poeta Aurora Luque, que también protestó, sobre que en los jurados, el prejurado nunca seleccionaba el libro que el ahora director de la citada institución deseaba premiar y lo sacaba finalista sin serlo y finalmente ganaba el premio con la ayuda del editor y la de miembros del jurado nombrados por el citado personaje. Luego su rastro en Latinoamérica es palpable cuando estaba en jurados y daba un premio en España a un poeta de un lado del Atlántico y poco tiempo después se lo daban al del otro.

No deseo ser agorero, pero con la sensibilidad que hay ahora en la política española, el señor Sánchez no se puede permitir el lujo de afrontar un escándalo, y “el toma y daca” es escandaloso y vergonzoso. No sabe, por ignorancia, en qué lío se ha metido con este nombramiento (y ojalá me equivoque por el bien del Gobierno y del prestigio de la cultura de España). Culparon de este desaguisado que acaba de iniciarse a Carmen Calvo. Ella es mucho más inteligente y habría nombrado a una mujer socialista, que las hay con una preparación tremenda como es el caso de la recientemente nombrada Directora General del Libro, Olvido García Valdés, también poeta y de las grandes, pero gestora y honesta. Aquí ha metido la mano Podemos, que hace bien en colocar a sus peones, pero este peón le saldrá rana a unos y a otros, y si no, al tiempo.

 arodriguezj15@gmail.com

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