• Regístrate
Estás leyendo: Este no es un país para viejos
Comparte esta noticia
Miércoles , 21.11.2018 / 02:31 Hoy

Desde Sandua

Este no es un país para viejos

Antonio Rodríguez Jiménez

Publicidad
Publicidad

Es fácil observar en los programas de televisión discusiones –ahora que estamos en periodo electoral- sobre cultura, sobre espectáculos y todos los participantes son jóvenes y el más viejo no pasa de los 40 años. Ese es el primer síntoma de la decadencia de valores. Pero los hay más graves. Una amiga me contaba con desolación que fue profesora durante muchos años de tiempo completo en la Universidad jalisciense, se enamoró de un profesor francés bastante mayor que ella, se casó con él y se marcharon a París. Allí vivieron felices durante años, pero ella estaba con cierta tristeza porque no lograba dominar el idioma y eso le suponía no encontrar trabajo. Su marido se prejubiló tras treinta años de servicio como catedrático y decidieron venirse a Guadalajara. Él consiguió gracias a los amigos obtener una plaza de profesor huésped. Ella estaba muy contenta porque quería volver a la vida laboral. Poseía méritos de sobra, había alcanzado el SNI de nivel 3 y era considerada como una experta en su materia. Al intentar entrar en la universidad estatal se encontró -ya no se acordó que había cumplido 46 años- con que le dijeron en las estancias administrativas que a nivel académico era muy apta pero que a nivel administrativo ya no daba la edad. Era excesivamente mayor, vamos, una anciana de 46 años y no pudo entrar ni como profesora de asignatura.

Se queda cualquiera estupefacto. Imagínense que le cierren a uno las puertas a los 45 años en defensa de jóvenes profesores inexpertos que están empezando a los cuarenta a desarrollar su carrera universitaria, sus verdaderos conocimientos se inician precisamente a los 45 años, que es cuando se les cierra las puertas a los que intentan entrar con esa edad. La historia de mi amiga acabó con su entrada a duras penas en una universidad privada pero sin opciones de tiempo completo, simplemente para impartir alguna asignatura que le sirviera de distracción.

El problema de la edad lo achacan a ideas estúpidas relacionadas con las prestaciones y con la seguridad social. Estoy seguro de que los que crean estas normativas ni siquiera son académicas, sino funcionarios que no tienen idea alguna de lo que es la enseñanza. Lo más curioso de todo esto es que esta epidemia de la edad se está extendiendo a las universidades privadas, coartándose el conocimiento y la experiencia y empobreciéndose todo el sistema universitario. ¿Pero a quién le importa? Los políticos están convencidos de que cuando peor nivel académico haya en un país van a gobernar con más libertad, cuanto más ignorantes, mejor. Hasta las editoriales buscan jóvenes para publicarles libros.

Si miran los programas de las universidades privadas verán que no existen las humanidades, que sólo potencian las carreras de empresariales, matemáticas, arquitectura, ingenierías, computación, derecho, economía y otras en esas líneas. ¿Qué está pasando aquí? La gente ya no quiere estudiar Periodismo porque se ha convertido en un oficio de mucho riesgo y apenas pagan para una humilde subsistencia. ¿A dónde vamos a ir si se le dedica a la cultura el 0,3% del total del presupuesto nacional?

Pues eso, seamos Peterpanes toda la vida para poder trabajar en la Universidad, no parezcamos viejos para que no nos desprecien, y el conocimiento y la experiencia guardémoslo para nosotros o quizás para nuestras tumbas. Este no es un país para viejos, está claro.

arodriguezj15@gmail.com

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.