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La pantalla del siglo

"Aquí sigo": Los árboles viven – y mueren - de pie

Annemarie Meier

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La sala casi llena en una función de Aquí sigo de Lorenzo Hagerman el jueves pasado habla del creciente interés por el documental, un tipo de cine que seduce por historias de personas, espacios y conflictos detectados en la realidad (para diferenciarlo de alguna manera del cine de ficción). La gran mayoría de los espectadores eran jóvenes y quizás escogieron el documental porque no encontraron lugar en la única función diaria de Naranja mecánica que forma parte de la retrospectiva Stanley Kubrick. Sin embargo, las reacciones en la sala mostraron que Aquí sigo convenció y divirtió a los espectadores de todas las edades.

Desde que se anunció el estreno del filme escuché y leí referencias a los documentales Los que se fueron, Vuelve a la vida y El patio de mi casa. Sin embargo, aquellos son dirigidos por Carlos Hagerman - la primera en codirección con Juan Carlos Rulfo - mientras que Aquí sigo es escrito y dirigido por su hermano Lorenzo Hagerman, a quien conocemos como cinefotógrafo (por ejemplo en Presunto culpable y Heli) y director de los documentales H2Omx y 0.56%.

La afirmación en primera persona “aquí sigo”, que corresponde al título del filme, muestra la actitud con la que mujeres y hombres que rebasan los noventa años de edad, se muestran y expresan frente a la cámara. Aquí sigo, me acabo de despertar y me preparo el desayuno, aquí sigo y reviso mi jardín, me paseo por las calles de mi ciudad, toco guitara y armónica, canto y bailo, admiro la naturaleza, disfruto una tarde con amigos y un atardecer solo o en pareja frente al mar. La primera persona también refleja la decisión del director de prestarle la cámara y el micrófono a los personajes que no se sienten entrevistados sino sujetos de un relato fílmico sobre y para ellos. Son personajes de distintas regiones y culturas que platican y cantan acerca de sus vidas, recuerdos y actividades. Lo hacen en italiano, francés, catalán y español. Los temas y tonos de los relatos varían ya que abarcan pérdidas y tristeza, reflexiones acerca de la vida y la muerte, recuerdos de niñez y juventud hasta consejos para la longevidad. Lo que está casi ausente son las quejas. El hecho de ser adultos mayores lúcidos, activos y, en su mayoría alegres, contagia al espectador con vitalidad y un sentimiento de bienestar.

Al observar a personajes en varias partes del mundo, el filme agudiza la percepción del espectador por las diferencias culturales y las problemáticas que caracterizan y unen las vidas de personas mayores en Italia (Cerdeña), España (Barcelona), Japón (Okinawa), Canadá (Montreal), Costa Rica y varios lugares de México (Querétaro y Yucatán). De manera ágil el filme intercala ambientes y voces de más de veinte personajes. Los temas que estructuran el filme empiezan con el despertar y las actividades del desayuno. Después siguen los relatos familiares, la juventud, la educación, sexualidad y vida en pareja al igual que las pasiones, pasatiempos y los sueños. Los comentarios no son filosofía de vida barata y convencional sino experiencias relatadas con humor y picardía. Como las de la costarricense Primitiva cuyas miradas, gestos y comentarios seducen por su sinceridad y humor.

La banda sonora comenta de manera juguetona el mosaico de retratos. La cercanía con la naturaleza que expresa la frágil mujer japonesa se percibe, por ejemplo, a través del sonido del viento en los arbustos de su jardín. La naturaleza es, sin duda, uno de los elementos que une la percepción y el amor a la vida de los ancianos. Se muestra, entre muchas otras, en la secuencia final con imágenes de todo tipo de árboles que sirven de metáfora para las vidas de los personajes de Aquí sigo. Uno pensaría que un documental sobre personas que rebasan los 90 años de edad trataría la cercanía de la muerte. Todo lo contrario: En Aquí sigo el tema central es la vida y los personajes hablan de lo que la hace placentera.

annemariemeier@hotmail.com

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