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La pantalla del siglo

"Nunca estarás a salvo"

Annemarie Meier

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Es sorprendente de qué manera se pueden renovar los géneros cinematográficos sin perder nada de su esencia. En manos de la realizadora escocesa Lynne Ramsay el thriller noir estadounidense You were never really here (Nunca estarás a salvo) del escritor Jonathan Ames se convirtió en un filme de género que atrapa, emociona y despierta admiración. La atracción no se debe sólo al característico “héroe lastimado” y la trama criminal, sino al valor y la maestría estética de la directora de construir un relato de “cine puro”, una película que vive a través de la combinación entre imagen, sonido, montaje y movimiento. Sería interesante conocer el guión de Lynne Ramsay - que ganó en Cannes 2017 por mejor guión adaptado -, ya que es difícil imaginar cómo formuló por escrito la historia fragmentada que interrumpe el flujo narrativo con infinidad de instantáneas y escenas asociativas de varios niveles temporales e imaginarios. Por cierto, también sus anteriores filmes Ratcatcher (1999), Movern Callar (2002) y We Need to Talk About Kevin fueron adaptaciones literarias.

You were never really here describe personajes, gestos, percepciones, recuerdos, obsesiones, fantasías y fragmentos - o resultados - de acciones y actos violentos. A Joe, el protagonista y centro narrativo del filme, lo conocemos por su corpulencia y movimientos lentos, barba, cabello y vestimenta descuidados, rostro y mirada enigmáticos, torso encorvado con tatuajes y cicatrices. Como veterano de guerra y expolicía, se dedica a rescatar a personas secuestradas, encargos para los que se arma con un martillo, cinta adhesiva, droga, dulces y refrescos. También su madre - con la que vive-, así como los demás personajes del entorno, se describen a través de detalles, comportamiento y rituales cotidianos. El ambiente de barrio neoyorquino de Joe se distingue del entorno de clase alta en la que la que se ha instalado la red de prostitución y pedofilia de un grupo de políticos, hombres jóvenes y exitosos con exquisitos trajes, camionetas blindadas, estilos de vida lujosos. Un mundo perverso vigilado por guardaespaldas y defendido por comandos de matones. La anécdota que narra el filme es relativamente delgada ya que sigue las etapas de un encargo de Joe de rescatar de una red de prostitución infantil a la hija de trece años de un senador. El filme, sin embargo, narra mucho más que la anécdota y la trama de acción; se nutre y profundiza a través de la minuciosa descripción del protagonista Joe digno de una novela de Raymond Chandler, Bukowski o un filme de Hitchcock (Psycho), Scorsese (Taxi Driver ) o Luc Besson (The professional). La presencia corporal y emocional de Joe es el resultado de un intenso trabajo de construcción y desarrollo de personaje entre Lynne Ramsay, el actor Joaquin Phoenix y el cinefotógrafo Thomas Townend.

Por otro lado, el relato fílmico también respira y se nutre de la forma que Lynne Ramsay impuso al filme: Narración fragmentada, estructura discontinua, separación de discurso visual y sonoro convierten el visionado de la película en una experiencia perceptiva y emocional inolvidable. Mientras las acciones se desarrollan con lentitud, vemos instantáneas de la niñez de Joe, escuchamos a su padre reclamarle su debilidad, oímos voces de niñas contar al revés o sonidos de la impresionante banda sonora del músico de rock Jonny Greenwood. Son fragmentos de percepciones, recuerdos, vivencias y fantasías que integramos en una crónica de vida y crítica social. También son estrategias de un discurso que crea distancia entre la película y el espectador, la distancia necesaria para convertir el disfrute de un filme en una experiencia - y proceso - de reflexión y denuncia de género. Lynne Samsay recurre al thriller para hacer escuchar su potente voz femenina.

annemariemeier@hotmail.com

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