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Martes , 11.12.2018 / 13:28 Hoy

La pantalla del siglo

Mentiras y verdad de "El tercer asesinato"

Annemarie Meier

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Después de enterarnos que el jurado del Festival Internacional de Cine de Cannes 2018 otorgó la Palma de Oro a la película Shoplifters del realizador japonés Hirokazu Kore -Eda había que correr al cine para ver El tercer asesinato, anterior filme del director que está en cartelera.

Había leído en la prensa que en El tercer asesinato el guionista y director había dado un giro drástico a los temas, tonos y estéticas de sus filmes De tal padre, tal hijo, Nuestra pequeña hermana y Tras la tormenta pero me parece que no es así. Ciertamente cambió de género ya que desarrolla la trama como thriller entre un asesino y su abogado defensor. Sin embargo, el trasfondo del conflicto, los personajes, diálogos, temas y la estética recuerdan las preocupaciones y el tratamiento dramático que caracteriza su obra. Quizás sorprenda que en El tercer asesinato el director no se contente con “empacar” el todo en la historia y la estética ya que la película no sólo narra la trama sino que la lleva al discurso y cuestionamiento moral y ético acerca de la verdad y la mentira, la justicia y lo justo, la conducta personal y la responsabilidad por el otro.

La primera escena muestra un asesinato nocturno cerca de un río en las afueras de una moderna ciudad japonesa. De los dos hombres que caminan hacia la cámara, uno se convierte en asesino. Reconocemos su rostro, cuando, ya en prisión, admite el crimen frente al equipo del abogado defensor. Consciente de que lo más probable es que el fiscal pida la pena de muerte, el abogado empieza a buscar los motivos y argumentos atenuantes que podrían salvarle la vida. Durante la serie de visitas en los separos de la prisión, los dos hombres establecen un diálogo que, según parece, busca abonar a la defensa. En complicidad con el abogado el espectador escucha con creciente empatía las cambiantes versiones del preso que, al igual que las historias de Sherezade en Las Mil y Una Noches, distraen, confunden y alejan de la realidad.

El diálogo como eje narrativo del filme se enriquece – y problematiza – con los personajes del entorno de los dos hombres: El equipo de abogados, la esposa e hija de la víctima del asesinato. También la imagen aporta detalles e información adicional al espectador que observa con suspenso el creciente desconcierto del abogado y la destreza narrativa del preso. Descubrimos símbolos y metáforas – por ejemplo cruces y cruceros - que nos hacen pensar en sacrificios y dilemas mientras que los argumentos del diálogo abordan cuestionamientos éticos y morales y los reflejos en vidrios y ventanas evocan introspección y cambio de roles.

A través del diálogo y el entorno familiar de los dos hombres afloran los sentimientos de culpa por desatender a los hijos y no haber sabido manejar el entorno familiar. La descripción del Japón moderno es detallista en mostrar los rituales de comunicación, el respeto a las jerarquía, la importancia de cocinar y comer. Cada vez que se reúne, por ejemplo, un grupo de hombres, aparece una mujer que les ofrece te o comida. Con lujo de detalle también se muestra el ambiente laboral y el proceso legal.

Los sonidos del idioma japonés suenan enigmáticos y los subtítulos seguramente sólo ofrecen una síntesis de los diálogos cargados de significado cultural. Pensamos en Kurosawa y su película Rashomon que fue, sin duda, una fuente de inspiración para El tercer asesinato ya que también gira alrededor de las distintas versiones acerca de un asesinato. El tercer asesinato deja al espectador sin respuesta a la pregunta si la corte con su resolución “hizo justicia”. El problema central es por un lado que, según dice la hija de la víctima: “Aquí todos mienten”. Mientras tanto el asesino sostiene: “Existen seres humanos que no merecen vivir”. Como espectador quizás también se valga la conclusión de que vamos al cine para escuchar y ver mentiras y tener el permiso de “moralizar”.

annemariemeier@hotmail.com

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