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Miércoles , 20.06.2018 / 09:16 Hoy

La pantalla del siglo

Lección de cine británico

Annemarie Meier

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Pride (Orgullo y Esperanza) empieza con una secuencia de materiales de archivo de la televisión británica que nos traslada a los años ochenta. Un breve montaje de reportajes de la época intercala manifestaciones y represión policiaca contra mineros en huelga con tomas de la marcha del orgullo gay en Londres en 1984. La secuencia termina con la cara de Margaret Thatcher en una pantalla de televisión. Perfectamente peinada y con postura y mirada determinada la “dama de hierro” habla sobre la situación del país. Termina su discurso con la afirmación: “Estoy aquí para ser un guía fuerte y no uno blando.”

El rostro y las palabras de Thatcher quedarán presentes en la memoria del espectador durante el resto del filmepuesto queenmarcan la historia en un contexto real y una conducción política de GB dedicada a la privatización, el cierre de minas y la represión de sindicatos y protestas ciudadanas. Recordemos que la huelga de los mineros duró un año, que fue duramente reprimida y que sólo pudo seguir adelante gracias a la solidaridad de cientos de grupos de civiles.

Pride hace la crónica de una de las acciones en apoyo a los huelguistas de una mina en Gales por parte de un grupo de activistas homosexuales londineses. Como película de ficción Pride se basa en los sucesos reales para crear una comedia social cargada de observaciones culturales, suspenso, humor y lecciones de tolerancia y solidaridad. Bastaría con el encuentro y choque de polos tan distantes como el de una comunidad minera de Gales con un grupo de activistas de la lucha en pro de la igualdad sexual de la capital, para construir una película interesante. Sin embargo, Pride va más allá. Entre los dos grupos contrastantes de personajes – los mineros y los miembros del autonombrado LGSM (Lesbians and Gays Support Miners) - narra un buen número de dramas individuales que muestran de qué manera la situación sociocultural y políticamarca los destinos personales. El guión de Stephen Beresford, la dirección de Matthew Warchus y la actuación de un extenso y exquisito elenco de actores convierten el filme en una profunda y divertida obra que el espectador disfruta y recibe como lección y aprendizaje. No hay duda de que el cine británico ha desarrollado una especial maestría en la realización de filmes que captan la realidad social y los dramas humanos a través de un humor que no rechaza las convenciones ni los clisés, pero los revierte en guiños sumamente atractivos para el espectador. Vale recordar filmes como Full Monty (Peter Cattaneo 1997) y Billy Elliot (Stephen Daldry 2000).

Recetas narrativas para armar una buena comedia social y acaparar la empatía del espectador no existen y los realizadores británicos bien lo saben. Pride logra ambas cosas con una trama central de Pride fuerte y vital para mostrar la lucha minera como la de los activistas del movimiento lésbico-gay. La decisión de “botear” durante una marcha de orgullo homosexual en Londres en apoyo material y moral a la lucha minera despierta reacciones agresivas e incluso peligrosas. Fue un acierto de los realizadores decidirse por un estructura cronológica con un flujo de sucesos que van de ida y vuelta entre Londres y Gales. Pero también fue afortunado interrumpir el flujo con subtramas que siguen a personajes significativos y una serie de momentos de encuentros y fiestas en las que se observan a detalle los rostros, las expresiones y las transformaciones por las que atraviesan los personajes y comunidades. La marcha del orgullo gay, el baile disco à la Travolta con el que Jonathan (Domic West) rompe el hielo en la primera visita de los LGSM a Gales y el coro de las esposas de los mineros que entona el canto socialista Bread and Rosesson momentos de emoción tanto para los personajes del filme como para los espectadores.

El puente colgante entre las regiones de Londres y Gales que la camioneta con las siglas LGSM atraviesa una y otra vez, separa y une dos mundos que finalmente se dan la mano, según muestra la bandera del sindicato de mineros. ¿Romanticismo ochentero? Quizás. Pero tan real – y actual - como la lucha minera, la marginación y represiónque viven muchas comunidades hoy en día. Y tan peligrosos como el SIDA que – como se muestra en Pride: Orgullo y esperanza - vino a profundizar el rechazo y las agresiones hacia la comunidad lésbico- gay. Pride no sólo es una lección “de época”, tiene vigencia a 30 años de los sucesos y de la era Thatcher que se aborda en el filme.

annemariemeier@hotmail.com

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