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Jueves , 21.06.2018 / 10:24 Hoy

La pantalla del siglo

"I, Daniel Blake" y la lucha necesaria

Annemarie Meier

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Varios títulos de la filmografía del realizador británico Ken Loach contienen el nombre propio del protagonista. Así, por ejemplo, en las películas para televisión The End of Arthur’s Marriage (1965) y Caty Come Home (1966) y los filmes Black Jack (1979), Carla’s Song (1996), My name is Joe (1998), Looking for Eric (2009), Jimmy’s Hall (2014) y Kes (1969), nombre que el pequeño protagonista da a un halcón que entrena. El más reciente filme de Loach I, Daniel Blake no sólo cita el nombre. La afirmación Yo, Daniel Blake avisa en primera persona que el filme se centra en un personaje que reclama su derecho de ser él, un ciudadano británico el derecho de ser escuchado y asistido.

La primera escena de I, Daniel Blake, transcurre mientras leemos los créditos iniciales sobre fondo negro. En la banda sonora se escucha una llamada telefónica entre una voz femenina impaciente que pide respuestas a preguntas estúpidas de una solicitud de asistencia social. La escena sin imagen termina con el rostro de Daniel Blake y el final de la conversación telefónica que más que un diálogo es un interrogatorio autoritario y absurdo. La lucha del carpintero por conseguir los medios de subsistencia en forma de trabajo o asistencia social parece perdida de antemano ya que del lado del Estado no se escucha ni entiende a quien solicita ayuda.

La odisea que experimenta Daniel Blake en sus intentos por conseguir apoyo atrapa al espectador por su dramatismo y la identificación con situaciones que, como ciudadanos que requieren servicios estatales, vivimos a diario. La historia de Daniel Blake nos recuerda los relatos de Franz Kafka y la comedia cubana La muerte de un burócrata de Tomás Gutiérrez Alea (1966). El filme de Ken Loach atrapa al espectador de hoy al ubicar el drama del ciudadano común frente a la burocracia en el contexto actual de Gran Bretaña, un país del llamado primer mundo, democrático y globalizado.

El público tarda un poco en sentir empatía por Daniel Blake como hombre, vecino, enfermo y derechohabiente del sistema de salud oficial. Blake es un solitario cascarrabias de trato brusco y habla directa. El infarto al miocardio que sufrió lo volvió aún más arisco. Con una placa de madera y gurbias trata de calmar sus ansias de carpintero al mismo tiempo que desquita su coraje con un joven vecino descuidado. La bolsa de basura del vecino es un buen ejemplo de cómo Ken Loach logra involucrarnos en el relato: La basura del joven de color no sólo tapa el paso de Daniel por el corredor del edificio sino que huele mal y contagia al espectador con la irritación que siente Blake.

De manera paralela a las sensaciones negativas, el filme también despierta la necesidad de solidaridad con personajes y personas en desventaja frente a un “sistema” inhumano. En su odisea por las instancias gubernamentales Blake observa e interviene en casos de injusticia parecidos al suyo. El Festival de Cannes 2016 premió con I, Daniel Blake una obra maestra de uno de los realizadores más destacados y necesarios.

annemariemeier@hotmail.com

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