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Jueves , 21.06.2018 / 04:31 Hoy

"Good Time: Viviendo al límite"

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Para formular una reseña de la película Good Time: Viviendo al límite de los hermanos Ben y Josh Safdie necesitaríamos renovar el vocabulario que se utiliza comúnmente para escribir una reseña. Tendríamos que sustituir, por ejemplo, el verbo “narrar” por el de “mostrar”, el sustantivo “ritmo” por el de “velocidad del montaje” y el de “banda sonora” por “ruidos y gritos sonoros”. Sólo así podríamos describir con fidelidad la manera de los hermanos Safdie de traducir al lenguaje cinematográfico una noche absolutamente decadente e histérica en Nueva York. Su estilo de filmar que se aleja de las convenciones narrativas en las que nos educaron. Nos remiten quizás a las películas de Gaspar Noé y Nicolas Winding Refn; sin embargo, el estilo de los hermanos Ben y Joshua Safdie es más extremo ya que saca al espectador de su zona de confort para involucrarlo de manera casi física en una frenética experiencia audiovisual y emocional.

El irónico Good Time del título se revela como torbellino de violencia que arrastra a Conny y Nic, dos hermanos neoyorquinos que viven con su abuela. Conny, interpretado por Robert Pattinson, saca a Nic (Ben Safdie) de la terapia en una institución para personas con discapacidad mental porque lo necesita como apoyo para robar un banco. Sin embargo, las cosas salen mal y Nic cae en manos de la policía. De ahí en adelante el filme muestra en una noche el desesperado intento de Conny para conseguir el dinero de la fianza, sacar a Nic del hospital, donde cayó por una golpiza, salvarse - y salvar a su hermano - de la persecución de la policía.

Leer la sinopsis del filme no le ayuda al lector a imaginarse ni preparase para la experiencia fílmica que lo espera. Good Time no impacta por lo que muestra sino por cómo lo muestra. Tanto a través de la imagen y el montaje como - y sobre todo - a través de la banda sonora. El filme prescinde de cualquier descripción de contexto. La cámara se centra - y se queda centrada - en los personajes. Las acciones se muestran a través de los rostros y gestos en primer plano, el movimiento de los cuerpos y algunas breves tomas de ubicación. Los encuadres, movimientos de cámara y colores neón acentúan la desesperación y marginación de los personajes. La banda sonora compuesta por el músico Oneohtrix Point Never combina efectos de sonido con guitarra y música electrónica que trasmiten no sólo el pánico interior de los personajes sino el creciente torbellino de caos que se apodera de ellos. Más que la concentración en los primeros planos, es la banda sonora la que impacta e irrita. Su estridencia muestra una sociedad y personajes que gimen, gritan y lloran por desesperación.

Los protagonistas y la ciudad de Nueva York aparecen lastimados por la precariedad, las drogas, la marginación, la basura y la violencia. El ambiente remite a Taxi Driver de Martin Scorsese, al filme de gangster y cine negro. En otros aspectos, sin embargo, el filme acentúa fuertemente su carácter actual ya que los hermanos Safdie han desarrollado un estilo radical absolutamente personal. Su condición de realizadores independientes les permite enfrentar al espectador con una propuesta audiovisual estridente, sin temor a las críticas por falta de rigor en el guión, la construcción de los personajes demasiado simples y algunas inconsistencias en cuanto a la secuencia y continuidad de los acontecimientos. Desde luego que existe un público, críticos y festivales que se cierran a las propuestas radicales que los hermanos han desarrollado a través de cortometrajes, documentales y largometrajes de ficción como Go Get Some Rosemary y Heaven Knows What. Good Time: Viviendo al límite formó parte de la selección oficial de los festivales de Cannes y Locarno. En México despertó muchas expectativas y enriquece la cartelera con una propuesta irreverente y provocativa.

annemariemeier@hotmail.com

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