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Martes , 23.10.2018 / 13:46 Hoy

La pantalla del siglo

"Animales nocturnos" en galerías y carreteras

Annemarie Meier

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La película Nocturne Animals (Animales nocturnos) escrita y dirigida por Tom Ford es atractiva para ver y difícil de reseñar. Por lo menos para mí porque me despertó emociones controvertidas. Por un lado disfruté la estructura armada entre diversos relatos fílmicos, la sofisticada estética visual y el tema de la relación entre “lo real” y la ficción que utiliza como hilo narrativo y conflicto interpersonal. Lo que, sin embargo, me deja insatisfecha es la manera ambigua en la que el filme construye y desarrolla a los personajes y representa el tema de los géneros masculino y femenino. El masculino está, por lo menos, representado con algunos matices - aunque caracterizados por clisés - mientras que el femenino está pintado con brocha gorda. Los personajes femeninos son bellos, ambiciosos y fríos o bien feos, grotescos y objeto de burla y venganza.

El relato basado en la novela Tony And Susan de Austin Wright, se narra a partir del punto de vista de Susan, una exitosa galerista de Los Ángeles que organiza exhibiciones, instalaciones y performance con las últimas tendencias del arte. A pesar de su éxito profesional, Susan está insatisfecha, condición que se refleja en su estilizada pero fría vivienda, una relación de pareja insatisfactoria y las noches de insomnia y soledad que le provocan depresión. Lo que anima el interés y la emoción de Susan - y, de paso, del espectador de cine – es el manuscrito de una novela que su ex esposo Edward le manda con la petición de leerlo y hacerle llegar su opinión. Susan empieza con la lectura y durante varias noches el thriller de crimen y venganza la atrapan por completo (al igual que emocionan al espectador que disfruta con ver una película dentro de una película).

Los tres relatos entrelazados de Animales nocturnos utilizan el recurso del espejo en el que se reflejan los protagonistas de los tres relatos del filme. Susan, la mujer madura y lectora del manuscrito, recuerda su propia vida y sus sueños como joven novia y esposa de Edward después de veinte años de haberse separado de él. Al mismo tiempo también se reconoce en el personaje femenino del thriller de secuestro, violación y asesinato que narra el manuscrito. El efecto espejo se refuerza por la selección de actores: Amy Adams como Susan se parece a la actriz que hace el papel de mujer y madre de la novela de Edward, mientras que Jake Gyllenhaal interpreta tanto al joven escritor como al protagonistas del thriller. La película contiene, además, un elemento reflexivo sumamente interesante aparte del relato entrelazado, la selección de actores y el recurso del espejo: Tematiza el juego y la confrontación entre realidad y ficción. No sólo en el diálogo sino como causa de la separación de la joven pareja. Susan se siente predestinada y atraída por la vida real y el éxito, mientras que Edward es el creativo que se realiza por medio de la ficción.

Como diseñador de modas con marca propia, ex director creativo de Gucci e Ives Saint – Laurent, guionista, productor y director de cine, Tom Ford es, desde luego, un formalista que construye relatos fílmicos altamente estéticos. Lo demostró con A single man (2009) una historia de duelo basada en un relato de Christopher Isherwood. El relato de culpa y venganza de la galerista Susana está narrada con imágenes altamente estéticas que recuerda los catálogos de moda y diseño de interiores. El choque con la estética tipo western de la historia de brutalidad masculina es sumamente fuerte. Son imágenes de paisajes texanos y personajes “de película”: El Sheriff macho y racista (Michael Shannon) y el asaltante de carreteras (Aaron Taylor- Johnson) podrían haber escapado de un filme de los hermanos Coen o Tarantino mientras que Tony Hastings, el profesor de matemáticas, podría ser el conductor nocturno en un filme de David Lynch.

Dónde el filme puede sembrar dudas en el espectador es en su manejo de “trucos” narrativos y escenas de brutalidad grotesca que no parecen abonar a los temas tratados. Las anticipaciones que construyen el suspenso de la historia del secuestro, por ejemplo, parecen calculadas mientras que la escena de los créditos iniciales que muestra enormes cuerpos desnudos de mujeres obesas resulta sumamente incómoda y nos recuerda que Ford ha provocado la atención – y el rechazo – por cosificar el cuerpo femenino en campañas publicitarias. La escena descrita se revela y justifica ya que pertenece a una instalación de arte en la galería de Susana que, sin duda, pretende crear un shock parecido al cadáver de un animal en formol que podría ser del artista plástico Damian Hirst. ¿Denuncia de los excesos del arte por parte de Ford? ¿Cálculo estético de un realizador que le apuesta al cine formal?

annemariemeier@hotmail.com

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