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La pantalla del siglo

"A la deriva"

Annemarie Meier

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A la deriva (Adrift) empieza con una larga secuencia de destrucción: En medio de muebles y utensilios que flotan en el agua Tami, una joven estadounidense que dejó familia y país para lanzarse a la aventura con su mochila al hombro, despierta de su estado de inconsciencia y reconoce poco a poco el caos que un huracán ha causado en el yate en el que navegaba. Richard, su pareja de navegación y vida ha desaparecido. Los profundos crujidos del barco se mezclan con los desesperados gritos de la mujer por encontrar a Richard. De ahí en adelante el filme narra la lucha de la mujer por sobrevivir y salvar la vida de su amado en medio del mar y sobre los restos de un bote con escasas posibilidades de navegación. Desde los primeros minutos de la película se nos aclara que el título A la deriva no se limita a la situación del lujoso yate sino a la pareja recién formada de dos jóvenes que salieron a vivir aventuras y conocer el mundo.

Lo que distingue el filme de Baltasar Kormákur de otras obras fílmicas sobre náufragos es el hecho de que el personaje que se ve forzado a desarrollar estrategias de supervivencia y navegación sin apoyos de instrumentos sofisticados ni comunicación externa, sea un personaje femenino, una joven mochilera sin objetivo fijo que se fue de casa por circunstancias familiares y para conocer el mundo. Sabemos poco de ella ya que casi no habla de su familia. En una sola ocasión le cuenta a Richard acerca de problemas familiares mientras que en otro momento la vemos escribir a su madre.

Tami escribe la carta para su madre en un momento anterior al naufragio ya que el filme intercala los sucesos que resultan del accidente con la historia de amor entre Tami y Richard en Tahiti adónde la chica llega sola y en busca de un trabajo eventual. Al conocer a Richard, un experto navegante británico, se enamora de él y se convierte en su compañera de navegación. Los continuos flash back que interrumpen los sucesos en el yate crean una estructura inusual para un thriller de supervivencia y provocan que el espectador experimente un continuo cambio de tono y ritmo (como si estuviera sobre las olas del mar). Los personajes en situación extrema, la lucha del hombre contra la naturaleza y la potente presencia del mar y la tierra nos recuerdan anteriores filmes del director islandés como The Deep y Everest. Como drama de supervivencia A la deriva también remite a All is Lost de J.C. Chandor, una película potente que se centra por completo en un solo personaje (el náufrago Robert Redford) y prescinde de diálogo y voz en off - salvo un desesperado “fuck” del protagonista - para convertirse en metáfora de la lucha existencial del hombre contra la naturaleza y sus propios demonios.

A la deriva cierra con fotografías y textos dedicados a la estadounidense Tami Oldham Ashcraft – el personaje “real” del naufragio y sobrevivencia de 41 días - quien plasmó la crónica de su lucha en alta mar en una novela autobiográfica que sirvió de base para el filme. Los guionistas Aaron y Jordan Kandell y el director Kormákur crearon una adaptación con ciertas libertades y decidieron realizar el filme en una situación real en alta mar. El peligro de trabajar en condiciones difíciles al aire libre crea una atmósfera realmente potente y refuerza el realismo del trabajo actoral de Shailene Woodley como Tami y Sam Caflin como Richard.

El filme, sin embargo, no deja del todo satisfecho. Su debilidad es la historia de amor que no está a la altura de la de supervivencia. El retrato de Tahiti es de tarjeta postal. La relación de Tami y Richard es tan convencional que no despierta empatía en el espectador que observa, con música de fondo romántica, el flechazo del amor a primera vista, la cena con copas de vino tinto, el regalo de un vestido playero, la petición de mano y las conversaciones frente al mar iluminado por el atardecer. La historia de amor entre Tami y Richard carece de tintes y profundidad y se basa en etapas de una relación amorosa que hemos visto miles de veces en todo tipo de dramas y comedias románticas. No despiertan empatía, ni acercan al espectador a los protagonistas de la historia de dos náufragos, que experimentan la más profunda crisis existencial y el desmoronamiento total de su felicidad.

annemariemeier@hotmail.com



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