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Viernes , 19.10.2018 / 03:13 Hoy

Agenda Cultural

Autogestión forzada

Ángel Reyna

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Las crisis afectan, primero, a los más pobres, y a los trabajadores de la cultura, cuando el estado elimina programas sociales y de cultura. No median debates, consideraciones, experiencias previas, solo se utiliza la guillotina a lo que no sirve, es inútil, no reditúa votos, no luce.
El poder confirma que la cultura no es prioritaria y que el pueblo no distingue, vota.


El promotor cultural, el centro de esparcimiento y el artista tienen que ser ideólogos de nuevas formas del quehacer cultural, gestores de programas y proyectos, administradores de los diez pesos con los que se trabaja y demostrar, una vez más, que se sobrevive con el trabajo comunitario lleno de solidaridad e imaginación.


En otras latitudes se cuenta con estados solidarios con sus ciudadanos, comunidades donde el ciudadano participa realmente del quehacer cultural y es parte de la administración y aplicación de programas y presupuestos. Aquí no, el festival La calle es de Todos es un ejemplo.


Por ello la importancia de acciones verdaderamente callejeras, donde el gestor cultural organiza todo con poco dinero y mucha disciplina, algo que se cree inexistente en el campo de la cultura. El artista y sus promotores tienen que demostrar una y otra vez que la cultura es popular, o no es tema que trascienda.


Cada vez que se viven crisis profundas , donde no se ve la luz al final del túnel, aparecen artistas, promotores, colectivos, asociaciones civiles, que dan la cara, salen a la calle, o se crean en la calle y permanecen en ella para defender espacios, promover actos solidarios y luchar cotidianamente por una cultura verdaderamente popular.


O se trabaja desde las bases, o se lamenta la crisis desde la terraza del café. Hay quienes piensan que esto es injusto, que el estado debiera patrocinar, proteger, asegurar el quehacer cultural. Es verdad, pero si no lo hace, entonces hay que gestionar recursos que están ahí , no se accede a ellos porque los piensan inaccesibles.


Debe darse una alianza estado-sociedad civil para el ejercicio de la cultura. Aprovechar lo poco que promueven la federación y el estado de forma directa con las colonias y los colectivos y ser parte de los ayuntamientos, que están más al alcance de la posibilidad real de una comunidad gobernada desde el barrio, al menos en los cultural.


angel.reyna@milenio.com

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