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Domingo , 27.05.2018 / 00:24 Hoy

Vertebral

Tolerancia no: Respeto

Ángel Carrillo

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Era domingo por la noche, estaba a punto de dormir… Mi teléfono sonó, rara vez atiendo un número desconocido... esa vez fue una de las excepciones. Era Cristóbal Rodríguez quien de inmediato se identificó: “Ángel buenas noches, soy Cristóbal Rodríguez, alguna vez estuve en el programa Cambios como parte de Jóvenes Coparmex. En esta ocasión no te hablo como integrante del organismo, sino como ciudadano”. Lo demás, usted ya lo sabe.

Las cámaras de seguridad de la casa de Cristóbal grabaron como dos hombres golpearon a sus padres, básicamente se trataba de un brete entre vecinos.

No soy juez y no pretendo emitir un veredicto, solamente intento ilustrar lo que un momento de ira puede desencadenar. Los Vargas Montes ya tenían conflicto con la familia Rodríguez, unos argumentan una cosa y los otros manejan una versión distinta. Ya las autoridades serán las encargadas de emitir una sentencia.

La idea de esta columna es concientizarnos de que coexistimos en una sociedad totalmente disímbola. Si en los matrimonios existen diferencias, imagínese el abismo ideológico que nos separa de las personas que viven a una puerta de nuestras casas. Por esa razón no debemos ser tolerantes, debemos ser respetuosos. La tolerancia es un concepto que se funda a partir de la resistencia o de la negativa asumida y el respeto es sinónimo de consideración, es decir, que nos aporta cierta empatía.

Evalúe usted su entorno ¿Tiene buenos vecinos? ¿Se respetan? Seguramente no y no es extraño, no necesariamente tenemos que soportar o convivir con toda la gente para encontrar un equilibrio entre las comunidades, pero creo que con el diálogo inteligente, asertivo y firme, se puede construir relaciones “respetables”.

En algún momento podremos estar hartos de que el vecino de “junto” tenga fiesta todos los fines de semana, con la música “a todo lo que da” y hasta altas horas de la madrugada ¿Cómo le cae? Lo más sencillo es salir furioso y medio adormilado a tocarle al vecino “pachanguero” (que seguro ya trae unas copas de más) para exigirle que le baje a “su fiesta”, eso es fácil.

Lo verdaderamente complejo viene cuando debe entrar la cordura en alguna de las dos partes.

Insisto, no es “enchílame otra”, es un trabajo mental muy rebuscado encontrar al vecino en el mejor momento para “platicar” sobre las inconformidades que causan sus constantes celebraciones, el cómo llegar a un acuerdo respetando el ambiente de uno y la tranquilidad del otro.

Si alguien tuviera la posibilidad de hacerlo, las cosas no hubieran llegado tan lejos como lo pudimos observar en las grotescas imágenes de la golpiza que recibió la pareja Rodríguez.

Esta es una lección incluso para mí, para mi propio bien, la verdad no soy muy sociable en la cerrada en la que vivo, soy más bien ermitaño. Saludo a Olga y a sus hijos (muy educados por cierto), a Érika y a Juan Carlos (nuestros hijos estudian juntos) y a la Maestra (la tesorera que siempre me recuerda que estoy atrasado en el pago del portón). Trataré, en lo subsecuente de ser más abierto, uno nunca sabe cuándo puede llegar a necesitar “al de al lado”.


angel.carrillo@multimedios.com

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